REINVENTAR EL PAÍS

por | Ene 11, 2011

A cambiar tocan. Si reconstruir significa repetir el esperpento de país que nuestras clases dirigentes edificaron para si, con frío desdén por las mayorías y los damnificados de siempre, será una frustración colosal y el harakiri de un gobierno que tantas esperanzas ha sembrado. Parece llegada la hora de erguirse sobre la desgracia, no para llorar sobre las lágrimas de tantos colombianos que perdieron hasta su último andrajo, sino para lanzarse hacia el desarrollo que vecinos como Brasil y Chile conocen ya. Relocalizar masivamente a la población. Industrializar. Planificar. Resucitar las marchitadas instituciones que el pasado gobierno terminó de sacrificar en el altar de la demagogia y la corrupción. Dejar en su sitio los huevos del gallo. Devolverle al Estado su protagonismo cuando lo que está en juego es, ni más ni menos, la vida, la dignidad, el futuro de 47 millones de colombianos. Y descentralizar.

Saltar de la regionalización de la recuperación a la descentralización del desarrollo. Con los debidos controles y sin concesiones a  regionalismos que son a menudo coartada de mafias, políticos y gobernantes locales coligados. Tono distinto ofrece la propuesta de Judith Pinedo, Alcaldesa de Cartagena, quien, en nombre de la Costa Atlántica presentó una estrategia de auxilio en la emergencia, reactivación productiva, reubicación de las víctimas y, sobre todo, de desarrollo económico y social de largo plazo para la Región Caribe. La envergadura del proyecto y su acogida por el Gobierno central sugieren que se ha dado un primer paso en dirección del ordenamiento territorial, con una primera región de planificación y desarrollo articulada a la divisa del Plan Nacional de Desarrollo.

Será ocasión providencial para desarrollar el corredor industrial del Caribe, capaz de ocupar a nuevos contingentes de desplazados. Para que el Observatorio del Caribe se proyecte como un IFI (Instituto de Fomento Industrial, también ahogado por la avalancha neoliberal) y otee el horizonte a la búsqueda de oportunidades de inversión. En su auxilio, la Corporación Financiera del Caribe podría darse perfil industrial. Proyectos no faltan. La firma Gerdau del Brasil, el mayor grupo de su género en América, le propuso a Barranquilla montar allí un megaproyecto siderúrgico que le garantizaría a Colombia autosuficiencia en acero y le dejaría remanentes de exportación.

Otro corredor industrial que espera un empujón es el del Pacífico, en el eje del Valle del Cauca. Comprende   a Popayán, Santander de Quilichao, Cali, Palmira, Buga, Tulúa y Buenaventura. Conectado con el corredor industrial del eje cafetero (Manizales, Armenia, Pereira, Cartago) sería el espinazo de una segunda región. Que también necesitaría su IFI. Sobre todo ahora, cuando acaba de sellarse acuerdo entre México, Colombia, Perú y Chile, y se espera el ingreso de otros países para buscar un mercado común en la región y poner la mira en el Asia-Pacífico. Area de integración promisoria, pues no sólo amplía los mercados regionales y se proyecta hacia otro continente, sino que podría desarrollar economías de escala. Si la Región Caribe empieza a aterrizar el ordenamiento territorial que el Gobierno persigue, aquellas perspectivas de industrialización encauzarían la  dichosa competitividad. Lo mismo se diría del desarrollo agropecuario. Si es que se vence la sórdida avaricia al tributar de terratenientes y ganaderos de media vaca por hectárea.

Allende la tragedia invernal, es en el desafío de reinventar el país donde el papel del Estado cobra todo su vigor. Y entonces cabe la pregunta: ¿por qué no es Planeación Nacional la institución que lidera la aventura y en cambio se le confía a un dirigente de la empresa privada? ¿No se vería mejor don Jorge Londoño como asesor del Gobierno en una empresa que no es negocio sino el bien común?

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