Descanse en paz la guerra

por | Sep 26, 2016

Para felicidad de millones y millones de colombianos, se selló ayer en Cartagena el fin de la guerra con la insurgencia más feroz y longeva del continente; el cierre de un conflicto degradado en crueldades que desafían la imaginación y arrojó 300.000 muertos. La trascendencia histórica del acontecimiento responde al sufrimiento causado. Cumplido el sueño, nuevas oleadas de colombianos se suman con el paso de las horas a una convicción venturosa: a partir del 3 de octubre podrá el país comprobar la desaparición de las Farc como guerrilla; y disponer de un derrotero de cambio capaz de remontar el atraso y la desigualdad que lo sembraron en un pasado sin esperanza. Le bastaría para ello con ejecutar el ambicioso Acuerdo de La Habana, de casta liberal, no comunista. Entonces será el tránsito hacia la paz.

Pero esta no podrá allegarse por mandato voluntarioso de nadie: será fruto del empeño colectivo en construir un país para todos, o no será. Eso sí, desde el más amplio abanico de banderías, con garantías plenas e iguales para todas, y mientras no vuelvan ellas a medrar en política disparando. No se trata de eliminar el conflicto, ni siquiera entre fuerzas antagónicas, sino de tramitarlo civilizadamente. Regla de oro en democracia, esta podrá refinarse aún más en el imperativo de labrar identidades políticas, o de reinventarlas, suscribiendo o negando las reformas pactadas en La Habana. De acometer con lealtad y madurez este experimento, bien podría llegarse a descontinuar la politiquería, el asalto a los recursos públicos y el crimen al servicio del poder. También  a ventilar agendas de desarrollo y justicia social abandonadas en la trastienda de nuestra historia, o como fruto de nueva imaginación política.

Debe saber el uribismo que no corre riesgo la democracia porque florezcan en ella extremos de izquierda o de derecha. Lo mismo aspirarán al poder las Farc desde la legalidad agitando banderas rojas, que el uribismo agitando banderas negras de ingrata recordación en la Italia de entreguerras. Peligra, sí, la democracia, si queda todavía quien quiera embozalar a esos partidos. Si no adopta el país un estatuto de oposición que favorezca, para comenzar, al Centro Democrático, primer partido alternativo de poder. Y, claro, si porfía la derecha violenta en combinar acción legal con lucha armada. Probado está que esa táctica ha sido obstáculo formidable para sofocar nuestras fuentes consuetudinarias de violencia: la tradición de callar al contrincante a rugidos o a bala; la extrema concentración de la tierra, y el sentimiento religioso puesto al servicio de la política o de la guerra.

Mucho sugiere, empero, que el futuro premiará a una coalición de centro-izquierda que abra camino a cambios de fondo, graduales y democráticos. Capaz de rescatar a Colombia de su condición de anomalía histórica: un orangután con sacoleva, diría Francisco Gutiérrez, donde conviven democracia y violencia. Un país con separación de poderes, control constitucional y elecciones periódicas, pero que paralizó a la sociedad en un pasado oscuro y brutal. Con democracia (diríamos precaria) en el régimen político, mas no en el orden social y económico. Porque las élites privatizaron en Colombia la seguridad y la justicia para imponer a la brava sus derechos sobre la tierra. El uribismo es su encarnación de la hora, y su próxima batalla, el referendo.

Lo que se juega este domingo no es impunidad o castigo para las Farc. La disyuntiva real será si pueda el país avanzar hacia la paz y la modernidad, o  siga anclado en el atraso y la violencia. Dilema de vida o muerte: si gana el No, vuelve la guerra; si gana el Sí, podremos entonar el responso feliz: descanse en paz la guerra.

Temas relacionados 

Categorías

Columnas relacionadas

¿Ejército politizado?

Eduardo Pizarro enciende las alarmas. Recoge el analista el registro de investigadores sobre prácticas de este Gobierno que comprometen la neutralidad de las Fuerzas Armadas, y arriesgan convertir las armas de la república destinadas a proteger a la sociedad toda en instrumento del partido de gobierno. Se refiere Pizarro a coroneles premiados con ascenso a general, no por méritos del servicio sino por adhesión al Pacto Histórico.  A oficiales en retiro que regresaron al Ejército para ser promovidos por haber trabajado en la campaña de Gustavo...

leer más

Iván Cepeda y los retos de la paz

Abelardo traza línea y Paloma procede: esta inaugura en campaña el plan de destripar a la izquierda. No otra cosa persigue su vileza de relacionar sin pruebas a Cepeda con el infame asesinato de Miguel Uribe, cuando la Fiscalía sindica del crimen a la Segunda Marquetalia. Grupo criminal con el cual estaría negociando hoy el candidato de izquierda, según Valencia. Para rematar, pregunta Álvaro Uribe dónde están los instigadores, Petro y Cepeda. Mienten. Tergiversan. Todos saben que conversaciones de paz hubo con este grupo armado, pero antes...

leer más

Colombia, entre autoritarismo y democracia

Por dos caminos regresa el fascismo al continente. Uno, Por la ancha avenida pedregosa que da paso a un Trump, déspota vociferante, atropellador. Dos, por senderos perfumados de flores carnívoras que al primer contacto pelan sus fauces. En el primero se agita el mazo prehistórico; en el segundo se van minando las conquistas de la convivencia civilizada, el mazo prehistórico en la mira, pero vestido de caudillo populista. Y ambos trayectos conducen al autoritarismo como alternativa a la democracia liberal.  Quiero tomarme a Cuba, hacer lo que...

leer más