No es una tragedia. Ni signo de inmadurez. Antes bien, en la convivencia imposible de socialismo y comunismo, de reforma y revolución, la división  del Polo despeja el horizonte de la izquierda. Cancela el esfuerzo inútil de juntar agua y aceite. Y define sin lugar a equívocos las dos opciones que prevalecen hoy allí donde gobierna una izquierda moderna: en España y Chile, en Brasil y el Uruguay. En estos países, la socialdemocracia ha conquistado el poder de consuno con otros demócratas, mientras el estalinismo porfía en su sueño del asalto...

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