En el gran salón de la Alcaldía de Oslo, tocado de claveles, rosas y orquídeas colombianas, hubo honores repartidos: para el líder que clausuraba una guerra de medio siglo; y para las víctimas, pivote de un modelo de paz que es divisa en el mundo. Recibió el Presidente Santos, con ovación de pie, el Premio Nobel de Paz por jugársela con valentía invencible para alcanzarla. Y vítores mereció, entre otros dolientes, Leyder Palacios (dirigente comunitario que perdió a todos los suyos en la masacre de Bojayá), por allanarse al perdón y a la...

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