≡ Columnas sobre MODELO ECONÓMICO
¿Posconflicto sin desarrollo?
Volver a la industrialización, o bien, acabar de desindustrializar al amparo de un librecambio leonino podrá ser dilema crucial para la Colombia que se juega en mayo sus restos. O se imponen quienes paralizan al país en las desigualdades que engendran la violencia, o prevalecen quienes apuntan al cambio como camino de paz. Pero éstos no avanzan todavía de coalición electoral a alianza perdurable, y dilatan la definición de estrategias como ésta de reanimar la desfalleciente producción nacional.
Tierras: codicia desbordada
La prohibición de acumular tierras para no explotar o cultivar a medias mientras se valorizan y no pagan impuestos viene desde 1936. A la luz de la función social de la propiedad, toda la legislación agraria hasta hoy consagra la extinción de dominio para lotes de engorde y predios inadecuadamente explotados. Y expropiación con indemnización, por razones de utilidad pública o de interés social. No se buscó en el 36 cambiar la estructura de propiedad agraria; antes bien, se quiso fortalecer la propiedad privada mediante titulación. Modestísimo alcance que se repite hoy, si se comparan estas iniciativas con las muy liberales reformas agrarias que Europa ejecutó con incautación directa del latifundio y su repartición entre el cultivador medio y el pequeño.
El desinfle de la globalización
Se pifió Francis Fukuyama. El utopista estadounidense vaticinó en 1989 el fin de la historia, en un Estado homogéneo universal cimentado en el liberalismo económico y político. Y elevó EEUU a panacea de igualitarismo en la sociedad sin clases que Marx imaginara. Pero no vio las fauces, abiertas ya, de la fiera que a fuer de globalización terminaría por manduquearse medio mundo: el libre mercado sin competencia ni control, que banqueros y caballeros de industria impusieron en el orbe, para contento de una minoría sin hígados y desgracia de pueblos enteros. No columbró Fukuyama la caída de su opulenta “América” en pantanos de pobreza y desempleo que parecían reservados al Tercer Mundo… o a Europa. Menos aún imaginó que uno entre los causantes de la debacle, Donald Trump, se erigiera en heraldo de una clase media pauperizada que desafía con broncos atavismos las buenas maneras de la democracia.
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