De estirpe liberal y evangélica, el italiano venido de una aldea ignota entronizó la Teología de la Liberación con su opción social por los pobres. Para el mentor del Concilio Vaticano en los sesenta, la pobreza es pecado: sin justicia social no hay Evangelio posible. Miles de religiosos y sacerdotes se vuelcan sobre las comunidades de base y reverdece la figura de Jesús. Se extiende la nueva-vieja divisa de liberación social por toda la América Latina. Francisco coopta -moderándolo- el lenguaje de esta doctrina social, pero sus prioridades...

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