Narcoterrorismo, en la mira de Petro y Trump

por | Feb 8, 2026

Sin palabras quedaron las extremas. La inesperada cordialidad del encuentro Petro-Trump le hurtaba al petrismo militante su ímpetu antimperialista y, al uribismo, su bandera anticomunista: la cita se resolvió en pacto de acción conjunta contra cabezas del narcotráfico -estuvieran o no en diálogos de paz, se autoproclamaran o no políticos-, y a la ofensiva podría sumarse el gobierno de Caracas. Porque la transición en Venezuela supone estabilidad en la frontera, vale decir, combate a los grupos armados que en ella operan como narcoterroristas. Para Ricardo Arquez, la derecha colombiana se contradijo, pues su discurso contra el castrochavismo invalidaba sus súplicas a Trump de intervenir en nuestro país: no se invoca la patria para ponerla en manos ajenas, dirá. No obstante, la izquierda terminó aplaudiendo el acercamiento al odiado Trump. 

Después de tres años de Paz Total, un fracaso clamoroso, el Gobierno Petro da un viraje radical: la seguridad recupera el uso de la fuerza, para mejor calibrarla al final con el diálogo, si fuere el caso. Petro le entregó a Trump lista de “objetivos de alto valor” como Chiquito Malo del Clan del Golfo, Mordisco y Calarcá de las disidencias y Pablito del ELN. Desconoce, así, el carácter político que estos se arrogan para derivar mayores beneficios en negociaciones de paz. Que Petro tenga ahora por jefes del narcoterrorismo a comandantes de grupos armados no significa que se hubiera postrado de hinojos ante Trump: a éste le dijo que en la persecución conjunta del narcotráfico no podrá tocarse al campesinado, otra víctima del negocio maldito. E invita a los cocaleros a la erradicación voluntaria de cultivos que su Gobierno promueve.

Primeros efectos del vuelco en política de paz, bombardeo al ELN con 7 víctimas y suspensión de diálogos con el Clan del Golfo. Petro se propone “desnarcotizar la frontera”, brutalmente controlada por el ELN, e invita al grupo armado a aceptar misión de verificación “para la entrega total de infraestructura que sirva al narcotráfico y recobrar el sendero de la paz”. Le anunció garrote mientras no muestre voluntad real de abandonar armas y narcotráfico. Joe Broderick, biógrafo de Camilo Torres, piensa que el mártir se horrorizaría de ver en qué terminó el ELN. En entrevista de Nelson Fredy Padilla dice también que el núcleo llamado Comando Central no manda a nadie; vive entre Venezuela y Cuba, no en Colombia. No pueden firmar la paz porque no mandan. Los frentes son ruedas sueltas y los combatientes viven del negocio en sus territorios.

Y el negocio de los armados es sangriento. Informa Human Rights Watch que en Colombia resurge la violencia en 2025 con grave impacto humanitario, expansión de armados y desprotección creciente de la población civil. Se han disparado los grupos criminales al calor de economías ilegales; con grave afectación de la población, confinamiento masivo, desplazamiento de 255.000 personas solo en ese año, asesinatos selectivos, desapariciones y control social de comunidades enteras. Registra Invamer 65% de colombianos inconformes con la paz total y 73,7% cree que el Estado y la fuerza pública perdieron el control de territorios enteros.

Si el presidente honrara el viraje anunciado, desengavetara las reformas y gobernara, el país agregaría este logro de Petro al recuerdo de su sola gesta estelar: los debates que como senador protagonizó contra la parapolítica, que destaparon una alianza siniestra de mafias del narcotráfico con “gente de bien” que en Colombia se hizo con poder en el Estado y en la sociedad. Llaga purulenta, causa de horrores sin fin, exacerbada por armados de toda condición y origen que sacrifican a sus guerras la población inerme. Bienvenidas alianzas con Estados Unidos y con otros países para conjurar un mal que desborda fronteras.  

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