¿CESÓ LA HORRIBLE NOCHE?

por | Mar 2, 2010

Respiró media Colombia. Cuando el país se precipitaba hacia la dictadura, sellada con un tercer mandato de Uribe, se interpuso la Corte Constitucional para salvar esta democracia liberal trabajosamente construida  desde 1810. Preñada de vacíos, sí, ella replicó, no obstante, cuandoquiera que la tentación autoritaria asomó su fea cabeza. Mas esta vez podría tratarse de la victoria de una ilusión. Un alto en el proceso arrollador que desde hace tres décadas configura una nueva Colombia, cuyo protagonista  principal es la economía del narcotráfico. Con sus fases de cultivo, producción y comercialización de drogas ilícitas; lavado de activos y  colocación del producido mayor en los paraísos fiscales, este mercado negro permeó todas las venas de la economía nacional,  protagonizó una movilidad social sin precedentes y propuso una forma autoritaria de poder.

El de Uribe es el ciclo más reciente y dramático del nuevo país que en Ralito “refundó” la patria. Concurrieron al pacto los dirigentes de siempre y emisarios de  sectores sociales que habían padecido la humillación de la pobreza y la exclusión, y que ahora pedían pista y poder. Con armas o sin ellas, por los atajos o en sana ley, muchos ricos y pobres en ascenso formaron un contingente sustancial del pueblo cuyos anhelos supo simbolizar Uribe y convertir en savia de su Estado de opinión. Aunque sus medidas económicas ahondaron, implacables, los abismos sociales, Uribe interpretó el ansia general de reducir como fuera a la guerrilla. Y se entregó con rabia a esta misión que midió su temple de líder y lo cubrió de gloria. Pero a un costo elevadísimo. Su política de seguridad cohonestó vilezas que han puesto al Gobierno en la mira de la justicia internacional.

El parmilitarismo puso el grueso de los 150 mil muertos que el conflicto cobró en el último cuarto de siglo. Sobre todo desde cuando las Convivir derivaron en fuerza armada de las mafias, mientras éstas ejecutaban una contrarreforma agraria, a sangre y fuego. Los que no murieron en el despojo de tierras, huyeron como fantasmas a mendigar en las ciudades: hoy suman cinco millones. Ni hablar de los 2.200 falsos positivos del ejército. La estrategia de desmovilización del paramilitarismo no se hubiera truncado a medio camino, de haber desmontado las estructuras militar, política y económica que le valieron a la mafia el poder en las regiones. Y en el Congreso, como bancada uribista por interpuesto político. Ella es mayoría entre los 65 parlamentarios  investigados, a contrapelo de la Casa de Nariño, por nexos con el crimen. El Gobierno se cuidará de llenar sus sillas con la parentela que les sucederá, en retribución por los votos recibidos. Uribe preservará este fortín hasta consumar el proyecto histórico de la nueva Colombia que lo ocupa como su mentor insuperable. También hasta el Ejecutivo brincaron las elites de esta movilidad envolvente, que se sientan a manteles con cierta oligarquía, condescendiente con “la guacherna” cuando de plata se trata, piponcha mientras la pobreza en Sucre es del 70% y consentida del Príncipe que tiene a su país con el más alto desempleo en el continente. Olivos y aceitunos fundidos en uno para lucrarse del Estado y del negocio que pinte, sea santo o non-sancto.

Acaso la envergadura del fenómeno trascienda la circunstancia de una reelección (o de dos), y entonces habrá uribismo para rato. A no ser que más colombianos despierten del letargo para retomar la senda de la democracia que la Constitucional ha señalado. Que, agrietado el mesianismo, renazcan los partidos. Que digan cómo vencer el conflicto y el desempleo y la miseria, y se muestren tan dispuestos como Uribe a desvelarse por lo suyo. Entonces podríamos decir que cesó la horrible noche.

Temas relacionados 

Categorías

Columnas relacionadas

Iván Cepeda y los retos de la paz

Abelardo traza línea y Paloma procede: esta inaugura en campaña el plan de destripar a la izquierda. No otra cosa persigue su vileza de relacionar sin pruebas a Cepeda con el infame asesinato de Miguel Uribe, cuando la Fiscalía sindica del crimen a la Segunda Marquetalia. Grupo criminal con el cual estaría negociando hoy el candidato de izquierda, según Valencia. Para rematar, pregunta Álvaro Uribe dónde están los instigadores, Petro y Cepeda. Mienten. Tergiversan. Todos saben que conversaciones de paz hubo con este grupo armado, pero antes...

leer más

Claudia: “queremos un líder, no un agitador”

Ante la pequeñez de propuestas de cambio que pululan entre tanto aspirante a presidente, descuellan las iniciativas de Claudia López. Y no porque desdeñe ella el menú de campaña -seguridad, salud, empleo, corrupción. Es porque, con los aderezos que agrega, cambia la vianda: habla del cómo, del cuándo y, sin perder la perspectiva del mediano plazo (propone “cosas realizables a cuatro años”), dibuja el horizonte estratégico de un país “para la gente”. Sobre la medianía de quienes hoy mandan y de los que aspiran al puesto destaca la figura que...

leer más

La Presidencia para qué

Qué busca esta polvareda de aspirantes al solio de Bolívar: ¿enriquecerse?, ¿proclamarse dictador?, ¿colgar al fin su retrato en la desapacible galería de cuadros de presidentes en Palacio? O persigue un medio para cristalizar su idea de país. Pero sin sueños ni cuerpo de doctrina ni programa de gobierno, ¿cuál idea de país? Se trasluce en casi todos el anhelo de rescatar un pasado que hiede. En otros, de dogma contrario, el mismo desdén hacia referentes del cambio democrático que no se vieran en décadas y medirían el alcance de propuestas en...

leer más