La escena discurre sin anestesia: un tirano derriba, mazo en mano, a otro tirano que ha molido su pueblo a mazazos. Pero el garrote no aparece ahora barnizado de rosadito-democracia, se exhibe sin pudor en su ruda desnudez. Es timonazo de 180 grados en una historia de expansionismo desde la ley de la selva presentada como mandato que premia a los elegidos de Dios. Después de tanta hipocresía, de tanta ocupación militar y masacre y bombardeo para robarse la riqueza ajena pretextando defensa de la libertad, se agradece la franqueza. Gracias,...
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