por Cristina de la Torre | Jul 17, 2012 | Julio 2012, Partidos, Personajes
“Frente Antiterrorista” tendremos mientras haya en Colombia una derecha golpista, enemiga de la paz, que reciba callada votos habidos en alianza con paramilitares; mientras repiquen guerrillas cuya criminal estupidez legitime la beligerancia de aquellas fuerzas retardatarias que se reeditan una y otra vez en nuestra historia. Ahora quieren éstas organizarse para la reconquista del poder, sonsacando gente de la derecha desarmada que hoy se acomoda en el Gobierno. Uribistas de corazón pero aferrados a sus puestos y contratos, muchos conservadores y miembros de la U vacilarán entre dos amos. Acaso la acción antiterrorista que tras diez años de batallar se formalizó en El Nogal consiga fracturar el unanimismo de patria boba que respira la Unidad Nacional. Entonces se abriría el abanico de la política en las opciones que cualquier democracia reclama: ultraderecha, centro-derecha, izquierda. Modelo deseable si no fuera porque la primera se ha permitido aquí tentaciones tan subversivas como las de Farc-Eln. No otra cosa son las incitaciones del uribismo a la insubordinación del ejército contra el poder constituido, con sonoro aval de Fernando Londoño. Y la izquierda, pobre en propuestas de fondo, compite mal con el asistencialismo de los neoliberales. De no converger con el liberalismo socialdemócrata –si lo hay- dilapidaría su 28% de intención de voto para 2014.
En auxilio del proyecto uribista acude, cómo no, Fernando Londoño, el doctrinante mayor. Criado entre Leopardos y Azucenos cuando el debate en la Manizales de sus ancestros se libraba entre partidarios de uno u otro totalitarismo europeo, Londoño lleva la impronta de aquella cuna. Del Laureano Gómez que expulsó del conservatismo a los Leopardos porque su fascismo, como el de Mussolini, era laico; no católico como el de Franco, el alterego de Laureano. Verbo intrépido el de su discípulo, si de vetar devolución de tierras se trata. Con una fatal coincidencia: su defensa indistinta de toda propiedad agraria (vieja y nueva) corre parejas con la formación de ejércitos antirrestitución en el campo. Londoño le dará al Frente Antiterrorista la armadura ideológica que en tiempos del uribato le faltó. Todos los poderes que pelecharon y se consolidaron al abrigo del narcotráfico y que vieron en Uribe un redentor marcharán ahora al paso de hombres de pro, de figuras que darán brillo a las gestas por venir. Estaría por verse si Londoño pertenece a la derecha humanista que no suscribe la filosofía de un orden forjado con sangre.
En el divorcio de Uribe y Santos, de ultraderecha y centro-derecha, tendrá la izquierda democrática su oportunidad de oro. Pero sólo si rompe del todo con las sectas proclives a la lucha armada. Si abandona el populismo heredado del M19 en sus escarceos con la Anapo, que emula a tumbos el asistencialismo de Familias en Acción y casitas gratis para los más pobres, que son el destinatario natural de la izquierda. Si amplía el espectro de sus aliados en la arena de la socialdemocracia. Si es capaz de aterrizar una propuesta social como parte orgánica de una estrategia de desarrollo que dé empleo y no caridad.
La derecha dura llegó para quedarse. Uribe se propone salvar a sus amigos del acoso de la justicia. Cuidar su poderío en las regiones, bastión de su proyecto histórico. Defender los viejos y los nuevos poderes del campo. Y, sobre todo, impedir un acuerdo de paz antes de derrotar por las armas a la guerrilla. Es decir, jamás. Para todo ello ha lanzado su frente antiterrorista. Si la izquierda no da un vuelco, Colombia seguirá siendo el país más conservador de América, donde no se enfrentan izquierda y derecha sino azul fascista y rojo desteñido.
por Cristina de la Torre | Jul 10, 2012 | Corrupción, Julio 2012, Salud, Uribismo
Paradoja. La anhelada unificación del POS precipitaría la clausura de todos los hospitales públicos. Por seguir calentando el huevito de la confianza inversionista en salud, la extensión de los mismos servicios médicos a todos sin tocar las arcas de las EPS para financiar la demanda adicional de 8 millones de usuarios del régimen subsidiado en los hospitales públicos, dará al traste con la red entera. Ya el gobernador de Cundinamarca vaticinó que de sus 37 centros asistenciales, acaso sobrevivieran 4. Es que la medida del Gobierno universaliza en la letra los servicios de salud, pero no los recursos. Perpetúa así la discriminación entre ricos y pobres, porque aporta menos para atender a los usuarios del régimen subsidiado que a los del contributivo, de modo que los primeros seguirán recibiendo un servicio degradado. Cada día peor, hasta el cierre total de los centros médicos que, sin fondos suficientes para asumir la nueva responsabilidad, morirán de inanición. Como seguirán muriendo excluidos a las puertas de los hospitales. Y, a poco, en la fría calle. Ciego ante el desplome inminente del sistema de salud, en vez de liquidar el monopolio infame de las EPS, el Gobierno aumenta sus ventajas y les confía ahora el territorio ensanchado del sector. Aunque no paguen los 7.8 billones que les adeudan a los hospitales. Ya no cabe duda de que esta crisis es hija del modelo Ley 100 que convirtió el sistema de salud en sistema de intermediación financiera para lucro de un puñado de malhechores. Dineros públicos en bolsillos privados. A 2011, las EPS habían multiplicado su patrimonio 177 veces: éste asciende hoy a unos 800 billones. Revela la contralora Morelli que la intermediación de las EPS se come el 52% de los recursos de la salud. Legal e ilegalmente.

¿Qué razones poderosas mueven a este Gobierno a proteger tal adefesio? En sus ambigüedades y vaivenes, ¿por qué hipoteca Santos su acariciado paso por la historia a la vileza de un diseño pernicioso, gestado y moldeado a mazo limpio por Álvaro Uribe, mentor de la derecha colérica y cabeza de la oposición a su Gobierno? ¿Por qué cogobierna el Presidente con ministros de la más íntima entraña uribista? ¿Por convicción? ¿Por oportunismo? ¿Por un pragmatismo sin principios que ni siquiera atiende la elemental exigencia de darse identidad política, cuando ya el otro monta tolda aparte? ¿Algo que ver con la cercanía de varias figuras de su gabinete con las EPS? Sabido es que la esposa de Sergio Diaz-Granados era contratista y miembro de la junta directiva de Saludcoop cuando éste se desempeñaba ya como ministro de Comercio. El ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, defendió en estudios realizados al parecer para esa empresa la libertad de precios en medicamentos y la integración vertical. Gracias a la primera, aquellos cuestan en Colombia más que en el Primer Mundo. Gracias a la segunda, también defendida por el ex ministro Santamaría, abultaron las EPS sus alforjas comprando a huevo hospitales deliberadamente quebrados por el Gobierno anterior. Privatización expedita y barata.
Es hora de definiciones. No sólo por la urgencia de singularizar opciones políticas sino porque la gente no tolera ya tanta deformidad en el sistema de salud. 50 mil médicos y todos los secretarios de salud del país promueven referendo por un cambio radical del modelo. Uno que recupere la seguridad social y sus recursos en cabeza del Estado. Que suprima la intermediación de las EPS con dineros públicos y las confine a prestar servicios médicos debidamente remunerados. El viraje no da espera, pues el sistema de salud pasa de crisis a colapso. Y eso no es cualquier lagaña de mico.
por Cristina de la Torre | Jul 3, 2012 | Julio 2012, Modelo Político, Régimen político
Nunca se sabe. De pronto resucita la reforma a la justicia en pos de la mano peluda que, haciendo pistola, se le quedó a aquella por fuera de la tumba. Entonces veríamos a los 1.300 primeros excarcelados encabezar campaña por una constituyente que nos salve de la hecatombe. Que, bandera de la moral en mano, le devuelva a Uribe la presidencia y plasme, por fin, el sueño dorado de la patria refundada. Ya se alistan a ganarle la partida a la Corte Constitucional y al referendo, únicos capaces de asestarle al estropicio la estocada final. Su primera carta, convertir en cataclismo la fetidez de los poderes públicos que intoxica el ambiente. Montarse en la ira ciudadana para derribar todas las instituciones, en particular el control jurídico de la política que 1991 consagró. Y, en alarde profiláctico, cerrar el parlamento. Golpe de mano pleno de logros: bajo sus ruinas quedarían sepultadas la corrupción que en el gobierno anterior alcanzó dimensiones inéditas, leyes como la de Víctimas que son el coco del uribismo y toda medida que apunte a la paz.
Usufructuario privilegiado de la democracia directa que la Carta del 91 introdujo, Álvaro Uribe la convirtió en populismo plebiscitario al servicio de un proyecto dictatorial. Ahora querrá mangonear el pronunciamiento de la ciudadanía que por vez primera escapa a la manipulación de los políticos, a la conversión de los derechos en pequeñas caridades del Benefactor de rosario y charreteras que hoy llora la viudez del poder. Y para recuperarlo, no vacila en traicionar su lucha de años por el adefesio que también sus seguidores acaban de aprobar en el Congreso. Obra del uribismo fue el acto legislativo 01 de 2011, matriz de la reforma de marras. Pero ahora aprovecha el limbo jurídico para justificar la convocatoria de una constituyente. Se le apareció la Virgen. Suertudo, Uribe ganaría por punta y punta: si sobrevive la reforma –o disposición parecida-, ésta librará de ataduras penales y de todo escrúpulo a su avanzada política para activar una constituyente que, en vista del horror, vuelva a barajarlo todo. Si se hunde definitivamente, tendrá el expresidente razones poderosas para reconstruirla por el camino de la constituyente. Un detalle faltaría: explicarle a la Virgen y al país sus relaciones con el General Santoyo, llamado a juicio en Estados Unidos por supuestos vínculos con la tenebrosa Oficina de Envigado.
En regímenes presidenciales, clausurar congresos es cosa de dictaduras. Lo fue en el Perú de Fujimori. Lo fue en la Colombia de 1949, cuando Laureano Gómez ganó la presidencia como candidato sin adversario, al amparo de la dictadura conservadora que había disuelto el parlamento. Lo sería también ahora si prosperara la iniciativa de Miguel Gómez, nieto imitador del jefe azul. Aboga este vástago del uribismo por una constituyente que vuelva a “ordenar todo, ojalá con una nueva carta política, (pues) el Estado está en crisis”. Y revocar el Congreso para “renovar las elites políticas”. Renovar con quién, ¿con José Obdulio?
La impetuosa protesta de la sociedad, que noqueó a la reforma de la justicia, es novedad en Colombia y esperanza de cambio en la política. Efervescencias fugaces como la Ola Verde enseñaron que el poder ciudadano se organiza en partidos y en movimientos que se dan una divisa; y candidatos capaces de derrotar en elecciones el enorme lastre de caudillismo, de corrupción y de crimen que hoy arrastran los partidos. Hundir esta reforma y desnudar la componenda entre poderes que le dio sustento, fue victoria de la ciudadanía. Otra batalla le sigue: hacerle pistola al orangután de la constituyente, instrumento de la derecha extrema.
por Cristina de la Torre | Jun 26, 2012 | Junio 2012, Modelo Económico en Colombia
Tras dos años de sembrar más ilusiones que certezas, el presidente Santos pela cobres que el país resiente como puñaladas. No contento con prohijar el engendro de reforma a la justicia, porfía en un modelo económico ruinoso, ahora agravado por el virus de la enfermedad holandesa. Permite el ingreso masivo de dólares, la consecuente revaluación del peso –sin par en América Latina- y su efecto devastador sobre la producción nacional: sobreabundancia de importaciones efectuadas con el exceso de divisas baratas y desfallecimiento de las exportaciones, es decir, de la fuente de empleo productivo. Nuestra floricultura ha perdido 30 mil puestos de trabajo. Pero en la Cumbre de los G20 en México se preció Santos de que en Colombia rija “una política macroeconómica que está siendo exaltada en el mundo entero”. Pues será allende la patria, porque aquí, su ministro de Hacienda y el director del Banco de la República no consiguieron demostrar tal maravilla en debate en el Senado el pasado 12 de junio. Todo tecnicismo, verbosidad de horas y horas, no pronunciaron una sola vez el vocablo empleo.
Y el hecho es que Colombia sufre de enfermedad holandesa, pues está invadida de mercaderías extranjeras capaces de arrasar con la producción propia, que de momento no puede competir: matan la que existe y bloquean el surgimiento de industrias nuevas. Con importaciones superiores a las exportaciones en un 4% del PIB y tres cuartas partes de éstas en carbón, petróleo y ferroníquel -productos que no reintegran divisas- el país verá destruir su producción agrícola e industrial. Y no reintegran porque, con el prurito deshonroso de crear “confianza inversionista” a cualquier precio, a las multinacionales del sector se les eximió de esta obligación. Se complacerá el Gobierno en decir que el sector minero creció 12.4% en el primer trimestre, pero de ello pocos réditos derivan los colombianos, y menos, empleo. En cambio no es ficción la reducción del 9% en nuestras exportaciones industriales del último mes.
En lugar de divisas reintegradas, se ha formado en Colombia una burbuja especulativa con capitales golondrina que viajan por el mundo buscando los intereses más favorables. A inflarla contribuye la repatriación clandestina o pintada de mil colores de dineros calientes. Pero el ministro Echeverri se declara enemigo del control de capitales. Como en la mano invisible, cree en la bondad natural de todo capital que llegue de afuera. En la avalancha de dólares que producen nuestra enfermedad holandesa convergen también una deuda externa astronómica; las remesas de colombianos expatriados; ingresos por exportaciones menores de café, azúcar, flores y banano; y, desde luego, la inversión extranjera directa, 80% de la cual se concentró el año pasado en el sector minero. Si a todo ello se le suma la riada de productos norteamericanos, europeos y coreanos que nos llegará en las locomotoras de los TLC, se comprenderá por qué Colombia se parece cada día más a Venezuela, hermana en la dolencia que nos aqueja: allá todo se importa, aunque con las divisas que sí reintegran los exportadores de petróleo. A diferencia de Colombia, Venezuela replica el modelo clásico de los Países Bajos, donde apareció el virus en los 70: descubrieron allá enormes yacimientos de gas, lo exportaron, la inundación de divisas revaluó sus monedas hasta comprometer la competitividad de los demás productos. Se desplomaron la producción y el empleo. Si heterodoxos, también nosotros vamos para allá. Si Santos no logra revertir toda la reforma a la justicia; si, además, no remedia los males de la economía, sus sueños de reelección y de paz serán sólo eso: sueños.
por Cristina de la Torre | Jun 19, 2012 | Conflicto interno, Junio 2012, La paz, Narcotráfico, Personajes
Tras bambalinas, sin ruido, va levantando Santos el andamiaje jurídico, institucional y político de la obra que lo consagraría en la historia: la paz. Contra viento y marea, ha dicho. Pero a cualquier precio. Se propone ganarle adeptos y neutralizarle enemigos, acá y allá, alternando sin escrúpulos políticas de todos los colores. Así, se la juega en el marco para la paz –redención de guerrilleros y militares que delinquieron en la guerra, y despedida al militarismo de la seguridad democrática. Desafía a la mano negra con una Ley de Víctimas que reconoce el conflicto armado, repara a los ofendidos y, en elocuente remembranza de la bandera agraria de las Farc, restituye tierras. Sin embargo, orquesta una reforma a la justicia que es sórdida componenda de poderes para comprar la benevolencia de magistrados y parlamentarios en vista de un eventual proceso de paz. En este gobierno o en el siguiente, que lo será de Santos también.
De paso, la tal reforma no le sirve al ciudadano: en vez de multiplicar los jueces para descongestionar la Justicia, cercena su autonomía, abre las puertas a su privatización y formaliza la segregación de las mayorías que, además, no tendrán con qué sufragar el servicio, como se dispuso ahora. Para este trocar en negocio los derechos fundamentales, ¿no bastaba con el ejemplo macabro de la salud? En ejercicio de “gobernabilidad”, el Gobierno reparte caramelos por doquier. A los magistrados de las altas cortes, aunque envenenados –según Jorge Iván Cuervo- pues extendiendo su período los coopta y mina su capacidad de reacción cuando a defender la independencia de la Rama toquen. A la mayoría de parlamentarios les destraba la locomotora de la corrupción y la parapolítica, y éstos retribuirán con creces: le aprobarán al Gobierno todas sus iniciativas, incluidas la ley estatutaria de paz y la que fortalece el fuero militar. Avance notable del gobierno de Unidad Nacional, si se recuerda que el entonces presidente Uribe se limitó a pedirle a su bancada parlamentaria votarle los proyectos “antes de ir a la cárcel”. Mucha gabela maloliente suplantó el cambio que no daba espera. Hay a la fecha tres millones de procesos judiciales pendientes. Seguirán pendientes y crecientes. Entre 1993 y 2011, el número de procesos creció 300%, y la nómina del sector, sólo 17%.
Como otro pilar del andamiaje de paz, el presidente ha integrado en un ente poderoso instituciones consagradas al asistencialismo, a la reconciliación y la integración regional. Si la semana pasada elevó Familias en Acción a política de Estado, es porque ya este programa era parte del billonario Departamento de la Prosperidad Social, conformado, entre otras entidades, por la Unidad de Atención y Reparación Integral a las Víctimas, la Unidad para la Reconciliación y la Unidad de Restitución de Tierras. Para La Silla Vacía, “lo que el Presidente creó fue toda una institucionalidad relacionada con la superación del conflicto”. Enhorabuena.
A falta de verdaderas simientes de paz, por ejemplo estrategias de industrialización y desarrollo (clausuradas para siempre con el TLC); mientras madura en el continente la idea de Santos de eliminar el narcotráfico –motor de la guerra- legalizando la droga, Colombia cifrará sus esperanzas en estos dispositivos institucionales. Le pedirá al Presidente, eso sí, no desnaturalizar políticas como la restitución de tierras con otras de signo contrario. Y en lugar de extraviar la paz en los vericuetos de la componenda con otros, movilizar a la sociedad toda en torno a aquella. Su garantía suprema serán los colombianos en pleno, no la versátil, a veces contradictoria personalidad del Presidente Santos.
por Cristina de la Torre | Jun 12, 2012 | Educación, Junio 2012, Salud
Localidad de Bosa, Bogotá, 12 de mayo. Freddy Forero, estudiante de once grado, vigila la salida del colegio José Francisco Socarraz. Espera a su hermano. Pero otros colegiales se le adelantan y lo matan a puñaladas. El pequeño Wilmer no tendrá ya quién lo defienda del matoneo de sus compañeros de estudio. Y la madre llora sin consuelo: “alumnos del colegio amenazaban a mi hijo con matarlo –dijo- porque él puso en conocimiento de las directivas una persecución en su contra y amenazas contra una niña embarazada. A mi otro muchacho lo apuñalearon por irlo a proteger a la salida de clases” (El Tiempo, 7-5-12). ¿Emularán estos victimarios después con los universitarios que presuntamente asesinaron a patadas y botellazos a su condiscípulo Andrés Colmenares? ¿Qué historia familiar traen; cuánto criminal exaltado a héroe ven en televisión; cuánta seducción de gobernante que presuma de varón porque ande “cargado de tigre”, los madura en adolescentes homicidas? ¿Alguna afinidad con Javier Velasco (el empalador de Rosa Elvira) agredido desde niño por un padre fiero que llegó a propinarle una puñalada? Un porcentaje alarmante de matoneo escolar se resuelve en asesinato. Y otro tanto, en suicidio de la víctima. Epidemia que deja, sin embargo, impávidas a directivas de planteles y autoridades educativas.
Lectores de columna sobre el tema publicada en este espacio el pasado 1 de mayo detallan este escenario de horror. Aunque algunos firmados con seudónimo, acotémoslos también a título de ilustración. Hace años –escribe “Boyancio”- en un colegio de curas de Bogotá, “un alumno de bachillerato se suicidó porque todos los compañeros, su familia y hasta los profesores lo tenían por pendejo. Sólo recibía burlas, menosprecio y nada de cariño. (Se quitó la vida), pero de nada sirvió, pues los curas del colegio ni se inmutaron. No obstante, una abogada habló del caso en reunión de padres de familia. El rector casi se la come viva y cerró de tajo el debate, pues primero estaba la imagen del Corazón de Jesús que la de un pobre muchacho acomplejado, jodido, injustamente abandonado por la puerca sociedad que le tocó vivir (…). La anterior anécdota me la sé y la cuento con dolor porque ese muchacho era nieto mío…”. Inmoral escamoteo de toda responsabilidad en la desgracia: matoneo desde arriba. Al médico Ramiro Arteta le escandaliza “la indiferencia de los directivos y profesores de los colegios ante el matoneo. Indigna y preocupa tanto silencio, tanta indolencia, ante acontecimientos verdaderamente trágicos que causan dolor y constituyen una vergüenza”.
Pero el matoneo no se contrae a la escuela: anida en el hogar, se proyecta hacia el aula, torna a la familia y se expande, por fin, a los ámbitos todos de la vida social. “Paisajecoraje” conjuga la “cultura del protomacho” con la laxitud moral que deriva del todo vale, de la vindicta, del ojo por ojo y diente por diente. Es “la violencia y la intemperancia que se incuban desde los primeros años en el entorno hogareño, donde el niño es testigo y víctima de toda clase de agresiones físicas y verbales”. Y “Dalpin” remata: “Cómo no vamos a encontrarnos en esta postración con 60 años de violencia pura, una de las inequidades más altas del mundo, un sistema socio-económico excluyente. Y lo que no es causa sino síntoma: (Somos) el segundo país con más enfermos mentales del mundo, después de Estados Unidos”. No todo va, pues, en los jueces. Repare en ello la senadora Gilma Jiménez, tan proclive al linchamiento de “bestias” y “alimañas”. La justicia castiga pero no ejerce venganza. Se cuida de obedecer al ardor ciego que quema, precisamente, al fanático que mata y matonea.
por Cristina de la Torre | Jun 5, 2012 | Iglesias, Junio 2012, Personajes
Anacrónica, violenta, corrupta, la monarquía del Estado Vaticano perpetúa la sordidez de sus homólogas cardenalicias de la baja Edad Media y el Renacimiento. Desplegando nepotismo, simonía, conspiración, guerra, traición y venganza, sus intrigas palaciegas se resolvían a menudo en asesinato del sucesor al solio pontificio: al poder y las arcas del reino. No ha mucho, en 1978, el papa Juan Pablo I habría muerto envenenado. Como envenenados murieron tantos de ellos en el 900, llamado el siglo negro de los papas. Ahora, según David Yallop, una cofradía de mafiosos, estafadores y fascistas se unía al cardenal Villot, secretario de Estado del Vaticano y al obispo Marcinkus, director del Banco Vaticano, para desaparecer al pontífice que quería desmontar la corrupción en la Santa Sede y reivindicaba una iglesia “pobre para los pobres”. Hoy se huele el cardenal Castrillón un complot de asesinato contra Benedicto. El mundo descubre, atónito, documentos secretos que comprometen a la jerarquía de Roma en intrigas y negocios de calado siciliano; en una conspiración de purpurados que van por el poder cuando Ratzinger denuncia vejez y cansancio. Y se destituye a Ettore Tedeschi, presidente del banco de marras que no cesa de lavarle activos a la mafia. Ya en 2001 le estimaban la lavatija en 50 mil millones de dólares. El domingo 27 de mayo, por vez primera en siglos, el pueblo católico abucheó al papa Benedicto en plena Plaza de San Pedro. Síntoma alarmante de que la jerarquía vaticana –ciega, sorda, manca y muda ante una corrupción descomunal- se tambalea al borde del abismo.
La simonía, que hace cinco siglos dio lugar a la Reforma protestante, sigue intacta. Se compraban entonces con dinero dones sobrenaturales, puestos y dignidades eclesiásticas. Negocio redondo pues se accedía así al exuberante patrimonio de la Iglesia. Alejandro VI, padre de César Borgia, pagó dinerales por su nombramiento. Después se dio a multiplicar su riqueza, a envenenar cardenales, a concebir hijos y a abusar de la suya propia, la casta Lucrecia. Como si el tiempo no pasara, nuestro cardenal López Trujillo habría conquistado tal dignidad llevando al óbolo de San Pedro dinero que recibiera de la mafia. El Espectador (20-4-08), reproduce declaraciones del abogado Gustavo Salazar en el sentido de que el entonces obispo de Medellín habría recibido esos fondos de la mafia: “…salió (López) en limusina, pasó por el centro de la ciudad y llegó hasta el club Unión donde varios capos, además de besarle el anillo, le entregaron un maletín con dólares”. En 1984, el National Catholic Reporter acusó a López de presunta participación en el programa de Pablo Escobar “Medellín sin tugurios”. Discípulo amado de Juan Pablo II, en 2005 le pediría este papa a López prepararse para recibir la silla pontifical. A la preservación de las riquezas de Dios en la tierra sirvió también el celibato de los clérigos, que redundó a su turno en “nicolaísmo” o secreta incontinencia de los curas. Hoy los tonsurados no son polígamos sino pederastas. Como Marcial Marcel, obispo violador de niños, otro protegido del papa que subió a los altares por el flanco de la derecha.
Aún se oye el eco de la iglesia de los Borgia: la sangre fría de clérigos entregados a la realpolitik. Enfermos de ambición y de codicia, su opulencia y la hipocresía que los distingue ofenden a legiones de católicos que no truecan ya la doctrina de Jesús por el cetro y la chequera de sus cardenales. A 50 años del malogrado Concilio Vaticano II, de la “opción social por los pobres” de Juan XXIII, el papa campesino, será la indignación de sus fieles la encargada de arrastrarlos al depeñadero.
por Cristina de la Torre | May 29, 2012 | Actores del conflicto armado, Conflicto interno, La paz, Mayo 2012, Posconflicto
Si Santos aspira a consagrarse como artífice de la paz, tendrá que negociar sus términos primero con Álvaro Uribe y, luego, con las Farc: con la ultraderecha desarmada, y con la ultraizquierda armada. Las bacrim se plegarán por añadidura. Si bien por razones contrarias, aquellos protagonistas del conflicto se hermanan en su predilección por las armas, en su renuencia hacia la paz. Así, cualquier acuerdo con la guerrilla quedaría trunco si no lo respetara la derecha. Prueba al canto, aunque a la inversa: la paz que la Constitución del 91 quiso encarnar no floreció porque las Farc no se reinsertaron como el M19. Hoy, la situación no pinta mejor. El ruidoso aprovechamiento del atentado contra Fernando Londoño por Uribe y su séquito de propagandistas desnudó la nuez que se interpone entre expresidente y presidente: éste quiere la paz; aquel, preservar su vigencia en política promoviendo la guerra.
El marco para la paz es el último eslabón en una cadena de medidas de este gobierno enderezadas a superar el conflicto. Mas el acumulado de iniciativas exaspera a extremistas siempre dispuestos a matar en el huevo cualquier amago de solución política. A Uribe, héroe de una victoria coja sobre las Farc, le resulta intolerable, pues dinamita la que durante ocho años fuera su razón de ser. Pero si Gobierno, guerrilla y la mayoría de colombianos acogieran –como parecería- la reconciliación, el exmandatario tendría que prestar oídos al coro de voces que reclaman unidad de todas las fuerzas legales contra el terrorismo. Y elevarse desde allí hacia un pacto político que honre el fin supremo de la paz. Por encima de vanidades y de programas de partido. Un acuerdo democrático sobre el proceso y los instrumentos que conduzcan a una paz duradera. Medio siglo de guerra infructuosa, tan cruel y tan costosa, sería argumento suficiente para comenzar por mesurar el verbo que ambienta un cuartelazo y alebresta a fanáticos de la acción intrépida y el atentado personal. Absténgase Londoño de suscribir la invitación de exoficiales que llamaron a “remover” de su cargo al Presidente, de afirmar que éste no sirve y que es preciso “encontrar otro”. ¿Cuándo y cómo? ¿Así, de golpe?, ¿o mediante comicios populares en fecha preestablecida por la ley?
El palo no está para cucharas. El propio jefe de Estado adjudicó aquel atentado a “la mano negra de la extrema derecha, la que no quiere que se repare a las víctimas, la que no quiere que se restituya a los campesinos, la que exagera la inseguridad (…) para decir que este país es un caos”. Olas de un mar de fondo que Santos empezó a mover desde su discurso de posesión, en abierta profesión de paz que suplantaba la política de seguridad democrática. Siguió con el desmonte de las bases norteamericanas que hubieran facilitado una intervención militar masiva en Colombia. Luego vino el reconocimiento del conflicto armado interno y, con él, el potencial reconocimiento de las Farc como fuerza beligerante, como organización con estatus político. La Restitución de predios mordía en la reivindicación histórica de las Farc por la tierra. Y el marco para la paz les permitiría a comandantes guerrilleros participar en política. Para Uribe, claro, todo ello es anatema.
Santos se reafirma en su voluntad de paz y Londoño le pide “que cambie el rumbo (…) para que juntos derrotemos el terrorismo”. Propuesta inversa de aquella que la democracia aconsejaría: derrotemos juntos el terrorismo, aunque cada uno mantenga su propio rumbo ideológico. Todo indica que Santos deberá negociar a dos bandas. Ojalá no hinque la rodilla ante la velada amenaza de golpe de Estado o de guerra civil. Él no está solo.
por Cristina de la Torre | May 22, 2012 | Mayo 2012, Régimen político, Uribismo
Pudieron ser las Farc. O las bacrim. O extremistas de derecha agazapados en la sombra. O los tres juntos, antagonistas amancebados en la estupidez de querer matar las ideas a bombazos. Hoy la víctima es Fernando Londoño, señalado correligionario del uribismo a ultranza, cuyo derecho a agitar los valores más retardatarios nadie debería disputarle. Pan comido. Ya la confluencia entre Farc, narcos y sujetos de la nueva Falange ha fructificado en el negocio de la droga. Lo que aturde ahora es la impudicia de Álvaro Uribe para usar este atentado en causa propia. Para escalar en la reconquista del poder pescando en el horror, en el dolor de los huérfanos que dejan los escoltas Rosemberg Burbano y Ricardo Rodríguez. En medio de diatribas de baja estofa contra el gobierno de Santos, apuntó Uribe hacia el marco para la paz, aduciendo el riesgo de impunidad que aquel comporta. Pero acaso no le disguste tanto el marco como la paz misma. En la amargura de sus glorias muertas, tras ocho años de sólo hacer la guerra, la idea de la paz se le ofrece al expresidente como una afrenta personal; como un crimen, no un deber que la Constitución impone. Y entonces alardea con la impunidad. Impunidad-embudo: ancha para sí, irrisoria para los demás. ¿No concibió acaso su gobierno una ley de paz que elevaba a los paramilitares a la condición de rebeldes políticos, cuando casi todos resultaron ser narcotraficantes? ¿Cuándo rechazó Uribe los votos de decenas de parapolíticos que así contribuyeron a elegirlo y reelegirlo Presidente? Si esto no es legitimar la impunidad, ¿qué es?
Por ser mariscal de campo del uribismo; inflexible opositor al diálogo con la guerrilla, a la condena judicial de militares, a la ley de Víctimas y restitución de tierras, Londoño devino blanco natural de las Farc. Pero también, vaya paradoja, de la que Santos denominó mano negra, tan aplicada a desestabilizar este gobierno: Noticias Uno informó que oficiales en retiro fraguaban golpe militar contra él. Es que no siempre el victimario es el contrario ideológico de su víctima. Díganlo, si no, los atentados de la extrema derecha contra Álvaro Gómez y luego contra el busto de su padre, Laureano. O el perpetrado contra Germán Vargas, también por la derecha, y que el uribato adjudicaba a la guerrilla. Hoy sorprenden las declaraciones de un oficial de inteligencia militar a El Espectador (5,16), para quien tal vez en el caso de Londoño los terroristas quisieran significar que en Colombia no hay condiciones para la paz ni para negociar la paz; ni para más confesiones de paramilitares. Sería “una manera de forzar al Estado y a la sociedad a cerrar filas en materia de seguridad y cancelar por ahora cualquier aproximación con la guerrilla o con los paramilitares”. Manera insidiosa de presionar al Presidente a arrojar al mar la llave de la paz, que coincide casualmente con la última invectiva de su antecesor: “El gobierno Santos debilita la seguridad por buscar negociaciones con terroristas a través de la dictadura de Venezuela”.
Si Uribe depurara la oposición que él encarna en fuerza política resuelta a batirse en la arena de la democracia, el país se lo agradecería. Muchos de sus seguidores no comulgan con abrir conversaciones de paz ni con restituir tierras ni con una reforma que modernice el campo redistribuyendo predios ociosos. Sea. Líbrese una controversia civilizada. Pero antes deberá pronunciarse Uribe sobre los 127 líderes de la restitución de tierras que han sido asesinados en los seis últimos años. Y desplegar recursos distintos de éste, patrimonio de los totalitarismos, que convierte un atentado terrorista en medio para alcanzar fines políticos.
por Cristina de la Torre | May 15, 2012 | Internacional, Mayo 2012, Modelo Económico en Colombia, Política exterior
Así quedó diseñado: para apretar hasta asfixiar. El deshonroso tratado que hoy despega no se contentará con alienarle a Colombia toda posibilidad de industrialización en el futuro. No se contentará con sepultar sectores enteros de la producción en el campo y empobrecer aún más a los dos tercios del campesinado que ya padecen hambre. Alargará su brazo peludo hacia el nicho de riqueza que nos queda, envidia del mundo entero: nuestra diversidad biológica, que es base de la biotecnología y su campo infinito de aplicaciones industriales, ambientales, médicas y agropecuarias. El valor de este mercado bordeó en 2005 los 800 mil millones de dólares. Las últimas décadas registran avances insospechados en esta tecnología de punta y una carrera loca de las potencias industriales por hacerse con sus fuentes nativas, especialmente en la Amazonia. Pues con el TLC, Estados Unidos coronó. Gracias a las larguezas de nuestros obsequiosos “negociadores”, ese país podría tener acceso privilegiado y exclusivo a nuestra biodiversidad; controlar el acceso a valiosos recursos animales y vegetales, y asegurarles precios de monopolio a sus multinacionales de la industria farmacéutica. Todo, en virtud de patentes que protegen la propiedad intelectual, vale decir, su exclusividad en investigación científica, en innovación y en comercialización de los productos. Maria Natalia Díaz advierte: “los términos pactados en el TLC en materia de propiedad intelectual y patentes encienden las alarmas sobre la futura propiedad de los recursos genéticos del país” (Externado, tesis de grado). Así como se allanó a “competir” con una agricultura potente y subsidiada, en materia de biodiversidad le concedió Colombia a Estados Unidos la parte del león.
Según la Organización Panamericana de la Salud, este tratado le concede a EE.UU. exclusividad de mercado en el sector farmacéutico. Y, por ende, precios más altos que si hubiera competencia. Además, – dice Consuelo Ahumada, algunos de cuyos razonamientos seguimos aquí- el TLC amplió la vigencia de patentes a los medicamentos de marca. Es decir, concedió más tiempo de monopolio a las grandes farmacéuticas, e impuso más restricciones a nuestra producción de genéricos. Perjudicados, los consumidores colombianos, pues los medicamentos genéricos valen en promedio la cuarta parte de los de marca, no desmerecen en calidad, y cubren dos tercios del mercado.
Descorazona la violencia del contraste que ofrece Colombia frente al tesón de los países del G-20 –India y Brasil a la cabeza- que desde 2003 resisten la iniciativa de aplicar a los medicamentos derechos de propiedad intelectual que sólo favorecen a los países industrializados. Exaspera la barbaridad (¿o la avivatada?) del ex ministro Palacio, que liberó los precios de los medicamentos, de modo que las grandes farmacéuticas extranjeras pudieran elevarlos hasta en un 3.204%, caso del Interferón B1-B; o del Rituximab, que en Colombia vale 3.500 dólares y, en Inglaterra, 278. Visionario, el personaje de marras concedió a sus anchas y por adelantado las gabelas del TLC. Obsequios que responden en medida sustancial al colapso del sistema de salud que tirios y troyanos reconocen ya.
Señala Díaz que la biotecnología sería nuestra última esperanza para producir bienes de alto valor agregado y competir desde nuestra inmensa riqueza biológica. Pero a condición de que sepamos enfrentar el oligopolio del sector, el régimen de patentes que impera, los vacíos normativos, la biopiratería. Y esta amenaza colosal contra la propiedad de nuestros recursos genéticos a manos de un tratado, planta carnívora, que quiere devorarlo todo.
Pregunta. ¿Quién anda detrás de los atentados contra Mónica Roa, gestora de la ley que autoriza el aborto en circunstancias especiales? La Justicia tiene la palabra.