Iván devuelve esperanzas

por | Nov 14, 2025

Si Petro sacrificó el cambio a su megalomanía, con Iván Cepeda le da la historia a la izquierda una segunda oportunidad. Y no porque éste reformule el programa de Gobierno -bitácora socialdemócrata capaz de sacar a Colombia del ostracismo-, sino porque la personalidad política del candidato del Pacto daría el tono de un reformismo de fondo, sin la vocinglería del agitador que todo lo contamina y frustra. Por la disposición de Cepeda al diálogo, que cristaliza en insistente propuesta de allegar un acuerdo para abocar las más flagrantes injusticias de nuestra sociedad. Por su trayectoria en defensa de miles de víctimas del Estado en el conflicto. Por su persistencia y valentía en batalla judicial con el líder a quien tantas tienen por causa de su desgracia. 

Ha reiterado Cepeda su fe “en la paz como camino y en el diálogo como herramienta para cerrar el ciclo de violencia que ha marcado nuestra historia”. Enhorabuena. Pero una incógnita dramática se abre frente al trato que pueda darle a la estrategia estrella y debacle de este Gobierno, La Paz Total. Frente a nuevas iniciativas de diálogo con el ELN, no obstante su brutal arremetida en el Catatumbo, que costó la vida a cien civiles. Y frente a la Segunda Marquetalia, grupo armado al que la Fiscalía y el Director de la Policía señalan como determinador del ignominioso asesinato de Miguel Uribe Turbay.

Pese a logros menores y a pesar suyo, la Paz Total terminó por catapultar el poder de los grupos armados con quienes el Gobierno dialogaba. Cedió a las exigencias del ELN: agenda de negociación genérica, imprecisa; suspensión de la acción estatal y cese el fuego prematuro, sin verificación efectiva; diálogo sin compromiso de desmovilización y desarme, y secuestro tolerado. Sólo se suspendió la mesa cuando el Catatumbo estaba ya bañado en sangre. Ahora lo invita el Gobierno a reanudar el diálogo y calla ante la nueva afrenta: el ELN anuncia que seguirá un “juicio revolucionario” a funcionarios del CTI y a policías, secuestrados hace meses.

A los desatinos de la Paz Total responde la escalada de violencia, que en el último año se ha cuadruplicado en Colombia; máxime cuando el narcotráfico ha derivado en negocio global con redes de crimen organizado por doquier. Según la Cruz Roja, de continuar esta escalada, 2025 cerraría como el año más violento contra la población civil en una década. La inteligencia militar identificó una red de acuerdos estratégicos entre ELN, disidencias y Clan del Golfo que van del Catatumbo al Pacífico, para fortalecer su control del territorio y sus negocios ilícitos. Todo indica que la estrategia de paz y seguridad no se recompone con ajustes de forma, que requiere un replanteamiento cardinal. ¿Querría emprenderlo Cepeda como presidente?

“He querido hacer de la cohesión de las izquierdas y de todos los sectores sociales mi meta política”, declaró a El País. Meta respetable si de transitar de movimiento a partido se tratara. Pero si se aspira a un acuerdo nacional, habría que ampliar el radio de acción a los partidos, materializarlo en una plataforma básica común, y en alguna fórmula de lo que ha dado en llamarse gobernanza, como ya el propio Petro lo ensayara con buen éxito en su primer año de Gobierno. No será fácil vencer el dogmatismo de la vieja izquierda y concertar, con todos los aliados, el trazo grueso de las reformas sociales sin sacrificar el ADN de su programa.

La votación por Cepeda en octubre le permitiría potenciar su acuerdo nacional con una alianza electoral cifrada en un programa básico común, que trascienda la consulta de marzo. Reformistas hay en el centro, en el centro-izquierda, en el voto de opinión urbano. Pero también los desilusionados de izquierda democrática son multitud. Acaso esperen que la divisa de Iván, este humanista sin mácula, les devuelva la esperanza.

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