Verdad y simulación ensotanada

por | Nov 10, 2020

Intrépido defensor de su propia impunidad, vuelve al ataque Uribe contra la verdad que lo comprometería en delitos de marca mayor. Porfía en disolver la JEP, escenario de revelaciones sobre la guerra que cuestionan su inocencia y amenazan su libertad. En país donde la hipocresía ensotanada es ley, simula honor mancillado para salvar el pellejo. Se desenvuelve el expresidente con soltura en este reino de la mentira, en el hábito de disimulo y encubrimiento que, según el historiador Luis Alberto Restrepo, es en parte fruto del ejemplo y de la formación ética impartida durante seis siglos por la Iglesia Católica en Colombia. Por su parte, Eduardo Cifuentes, nuevo presidente de la JEP, adivina en quienes quieren derogarla el miedo a la verdad, justamente cuando este tribunal comienza a descubrir verdades completas y reconocimiento de responsabilidades.

Explorando en la Iglesia raíces de aquella doblez, se remonta el exsacerdote Restrepo a la Colonia, cuando los tonsurados cementaron mediante la educación el poder de la Corona, cuyo brazo político-religioso era la Iglesia. Piedra angular de su influencia, sin par en la América española. Tras el afán secularizador de los liberales en el siglo XIX, la Regeneración y el Concordato de 1887 restauraron la homogeneidad cultural que la Iglesia había impuesto. Le devolvieron la construcción de la nación sobre la trilogía cultural hispánica: la religión católica, la lengua castellana y la educación.

En su arista más abiertamente política, poderosos jerarcas del cuerpo de Cristo auparon con pasión la violencia: monseñor Ezequiel Rojas, canonizado por Juan Pablo II, exhortó a empuñar las armas contra los liberales en plena guerra de los Mil Días. Sugirió lo propio Monseñor Builes contra liberales y comunistas en tiempos de la Violencia. El cardenal López Trujillo, admirador del Medellín sin tugurios de Pablo Escobar, fue verdugo de curas y monjas comprometidos con los pobres. Y en el plebiscito de 2014, se sumó la jerarquía eclesiástica al sabotaje de la paz por la extrema derecha.

Colombia –escribe nuestro autor– se ahoga hoy en un pantano de mentiras, crímenes y violencias solapadas tras cuyos bastidores medran los poderosos, algunos obispos y clérigos incluidos: o son autores intelectuales del horror o lo legitiman. Casi todos ellos se excluyeron de la JEP y esquivan la Comisión de la Verdad. Pero una mayoría aplastante de sacerdotes y obispos trabaja por las comunidades olvidadas y por la paz, con frecuencia a despecho del Gobierno.

Un llamado trascendental formula Restrepo al episcopado católico: pedir perdón públicamente por los errores de la institución en el pasado y en el presente. Este reconocimiento, apunta, sería sanador para la sociedad colombiana y podría abrir la puerta a un sinceramiento nacional. Movería a altos oficiales, políticos, terratenientes y empresarios de toda laya a decir la verdad, a asumir su responsabilidad en el conflicto y a pedir perdón a las víctimas. El triunfo de la verdad acerca del conflicto sería paso decisivo hacia la paz y derrota del recurso a la simulación, ensotanada o no.

Coda. Decapitado el eje Trump-Duque-Bolsonaro, se impone ahora el desafío de reconstruir la democracia, atropellada en estos países por un caudillismo de fantoches; por el abuso de poder, la corrupción, la violencia, la exclusión, el neoliberalismo y la desigualdad. Llegó la hora de frenar la carrera que nos arrastraba por involución hacia el Eje fascista de entreguerras: el de Berlín-Roma-Tokio. Sirva también la epifanía que esta elección en Estados Unidos aparejó para recomponer las relaciones con ese país desde el respeto entre Estados y nunca más desde el complejo de bastardía con que el gobierno de Duque humilló a Colombia ante la Estrella Polar.

 

 

Temas relacionados 

Categorías

Columnas relacionadas

El territorio usurpado, y los “caudillos” ahí…

Perder la soberanía sobre el 60% del territorio a manos del crimen organizado es bordear el abismo que conduce a un Estado fallido. Cohonestar por inacción esta realidad -como lo hace nuestra dirigencia política- es plegarse a una crisis en ciernes acaso sin antecedentes en esta democracia. Pero sus altezas reales Uribe y Petro, flamantes jefes de las dos minorías mayores de nuestro sistema político (las extremas a derecha e izquierda), convierten en espectáculo de revanchismo personal una campaña llamada a proponer antídotos al desastre: el...

leer más

Paloma: ¿y la reforma agraria?

Ver para creer. El partido de los 6.402 falsos positivos, el de las Convivir, el de la bancada que debía votar los proyectos del Gobierno antes de ir a la cárcel, el que hizo la vista gorda frente a una contrarreforma agraria sangrienta que significó 9 millones de desplazados y despojados de su tierra, el cruel enemigo de la paz funge, de pronto, como edén de concordia y liberalidad pluralista. Realpolitik descarnada. Codicia de votos.  El desacuerdo entre Paloma y Oviedo frente al Acuerdo de Paz (cuyo blanco vital es la reforma rural) se ha...

leer más

Claudia: “queremos un líder, no un agitador”

Ante la pequeñez de propuestas de cambio que pululan entre tanto aspirante a presidente, descuellan las iniciativas de Claudia López. Y no porque desdeñe ella el menú de campaña -seguridad, salud, empleo, corrupción. Es porque, con los aderezos que agrega, cambia la vianda: habla del cómo, del cuándo y, sin perder la perspectiva del mediano plazo (propone “cosas realizables a cuatro años”), dibuja el horizonte estratégico de un país “para la gente”. Sobre la medianía de quienes hoy mandan y de los que aspiran al puesto destaca la figura que...

leer más