Sara Millerey rompe el silencio

por | Abr 15, 2025

En el país que naturalizó extremos inconcebibles de crueldad contra los indefensos, el brutal asesinato de la mujer trans Sara Millerey González batió todas las marcas. Desnudó el taimado silencio de la sociedad y la ineptitud del Estado para proteger a su gente. En vehemente homilía, Angelo García, sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Libre fustigó el mutismo de la Iglesia y de la comunidad frente a este crimen: nadie tiene derecho a destruir al otro, señaló, por el nombre que adopte o “por lo que lleve entre las piernas”.

Qué hay en la cabeza de una persona que ve a un ser humano agonizar en una quebrada, violentado, brazos y piernas fracturados, para no prestarle auxilio, preguntó indignado. Instó a romper el silencio como Iglesia, como comunidad, como pueblo de Dios; desde la disidencia, desde la diferencia. Nadie tiene derecho a ejercer justicia propia para destruir a otro, agregó. Y, evocando la Semana Santa que comienza, instó a suscribir la revolución del amor, la revolución de la diferencia, que Jesús predicó contra el sistema. No podemos seguir alimentando en la Iglesia, en la comunidad, en el pueblo, en la nación el silencio de las violencias que normaliza el daño a los otros. Qué estamos haciendo en la Iglesia, inquirió, por juntar fuerzas para cambiar el mundo. E instó “a todos los sacerdotes e iglesias del mundo a salir del esquema hegemónico y patriarcal que nos ha condenado a sacrificar la vida del pueblo de Dios”.

Sí, fue un día trágico para Colombia, porque le puso rostro a la violencia de siempre, al odio, al prejuicio, a la desigualdad y debería interpelar a toda la sociedad, declaró Caribe Afirmativo. Este crimen destapa la transfobia que discrimina y agrede a las identidades de género diversas porque desafían la rigidez del esquema binario de género que, en todo caso, favorece el poder masculino. Esquema que deriva del odio a la homosexualidad y a la mujer. Máxime si, como en el caso de Sara Millerey, lo masculino se allana a lo más despreciado: a la figura de mujer. La inacción ciudadana, su complacencia en el espectáculo del horror, dicen ya de una sociedad enferma.

Odio, rechazo, violencia, aislamiento y discriminación son manifestaciones de transfobia. Persecución de todo el que se siente gente de bien, de la Policía, que se ensaña en las mujeres trans, de la sociedad y del Estado que les niega acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo. En Colombia, las mujeres trans mueren tres veces, explica Caribe Afirmativo: la primera, en vida, por el rechazo de la familia, la exclusión escolar y la negación de sus derechos ciudadanos. La segunda, por violencia física. La tercera es muerte institucional, cuando el Estado las desampara. Sólo en los tres primeros meses de este año hubo en Colombia 30 homicidios de personas LGBTIQ+, 13 de ellos de mujeres trans, la mitad en Antioquia. Sobre perfilamiento y panfletos amenazantes contra Sara Millerey se advirtió al Estado dos meses antes de su asesinato. Nada hizo.

Explica la profesora Victoria Strauss que al destruir el cuerpo de Sara se busca borrar su identidad, su existencia y la diferencia que ella representa. En el conservadurismo de Antioquia persisten prácticas que justifican la violencia por prejuicio. Ubica a la mujer trans en un imaginario asociado al pecado, a la perversidad y al deterioro de las sanas costumbres; y termina por justificar la violencia correctiva que niega la diferencia y la castiga. Así perpetúa su hegemonía una Iglesia que pulpiteaba a la separada como “mujer infame”.

El padre García invita a “levantar la voz para hacer oír la voz de Cristo, para hablar por los que no tienen voz. A rechazar la violencia que quita la vida al ser humano”. A romper el silencio. Enhorabuena.

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