Pocas veces había mostrado tanta debilidad la Iglesia. La censura que le impuso en 2012 al padre Alfonso Llano, teólogo eminente, por exaltar la humanidad de Jesús y de María, desnudó de un tirón el pánico ancestral de esta institución a la herejía. La iglesia de Roma compacta a sus fieles por el dogma e impone sus verdades con energía invencible desde arriba. Como dicta en los ejércitos su autoridad el general. Y no tiene alternativa. Sabe que su supervivencia emana de mantenerse unida;  su cohesión y su poder, de apretar con puño de hierro...

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