por Cristina de la Torre | Oct 28, 2008 | Internacional, Modelo Político, Octubre 2008
Signos contradictorios confunden todos los días los sentimientos de los colombianos. Oscar Tulio Lizcano escapa de las Farc con ayuda de la presión del ejército sobre sus captores, y el país entra en júbilo. Pero también se avergüenza al comprobar que el DAS, órgano de inteligencia del Estado, deriva en policía política del gobierno para perseguir a la oposición desde la sombra. Indigna ver a los corteros de caña humillados por un sistema laboral heredado de enclaves coloniales en república bananera. Y, sinembargo, las consultas internas del Polo, el Partido Conservador y el de la U para escoger dirigentes y candidatos anuncian el renacer de los partidos, una luz al final del túnel. Mas, a la vez, descorazona la pobreza de sus contrapropuestas al modelo de economía que nos rige, exótica reminiscencia del paradigma que naufragó en Wall Street, y causa gorda de nuestras desgracias.
¿Cómo no mirar al lado, verbigracia, hacia el Brasil? Con Rusia, China, India y Suráfrica, configura nuestro vecino el bloque de países llamado a dominar en el mundo dentro de 20 años. Brasil mantuvo siempre el modelo de industrialización de la Cepal y enfrentó con realismo los desafíos de la globalización, para insertarse en el mundo sin empeñar su soberanía. Hoy es la novena potencia del planeta. Controló la inflación, pagó la deuda, rompió amarras con el FMI, logró la autosuficiencia energética y, sólo en el gobierno de Lula, ha creado cerca de 8 millones de empleos en el sector formal.
A más de mantener el equilibrio de la economía, Lula fortaleció la función reguladora del Estado y su capacidad para promover la producción, el empleo y la inversión en los sectores productivos. Pero ha sabido medir su papel de empresario y flexibilizar el proteccionismo mientras combate la exclusión social. En suma, es su modelo el del Estado planificador y promotor del desarrollo con inclusión social, que se da sólidos fundamentos fiscales y monetarios. Para alinear a empresarios y trabajadores hacia el impulso de la competitividad, el partido del Presidente se alió con el centro. Parámetro no negociable del acuerdo es un programa económico edificado sobre la lucha contra la exclusión, la pobreza y la desigualdad. Sobre el desarrollo basado en crecimiento con redistribución del ingreso.
Iniciativa del Brasil, Unasur acaba de debutar como alternativa a la anquilosada OEA, neutralizando la guerra civil que amenazaba a Bolivia. Tal vez ninguna opción de integración en el subcontinente había augurado tanto. Unasur promete transitar de una planeación integral del territorio hacia una planificación suramericana del desarrollo. Con ella puede reverdecer la integración regional que la Cepal propuso en su hora, para reducir la dependencia abriéndole mercados amplios a la industrialización, puntal del desarrollo.
Pasan cosas en América Latina. Pueda ser que la democratización de los partidos se acompañe de verdaderas propuestas de desarrollo. A ver si un día dejamos de navegar entre la renacida ferocidad del paramilitarismo, la criminal estupidez de las Farc y la chifladura de bogotanos que empiezan a comprar en las calles la figurita del Presidente Uribe para darle en su pesebre de navidad el lugar que ocupaba el Niño Dios. Pobre Colombia, tan zarandeada en esta bipolaridad de chiste cruel, entre la tragedia y el ridículo.
por Cristina de la Torre | Oct 21, 2008 | Movimiento social, Octubre 2008
Experto en resolver las crisis a su favor, a Uribe podría favorecerle la agitación social que su gobierno presenta como instrumento del terrorismo, para atornillarse en el poder. Una protesta popular manejada con rudeza y artificiosamente asociada a las Farc se complicaría hasta configurar la anhelada hecatombe en sus planes de reelección. Embolatados como parecen los mecanismos de referendo para repetir en 2010 y reforma política para hacerlo también en 2014, no resulta descabellada la hipótesis de un Plan C, cada día más franca en los mentideros políticos: convocar, al amparo de la conmoción interior, una constituyente de bolsillo que resuelva en forma expedita el trámite legal del articulito.
Ya saltan a la vista las dificultades de trámite del referendo en el Congreso y las de los otros siete debates que requiere la aprobación inicial de la reelección para el 2014. Son dos legislaturas, preñadas de conflictos, chantajes, oportunismos y deslizamientos de parlamentarios cuya única divisa es mantener la curul a toda costa. Así lo anuncia la primera insubordinación de la bancada uribista contra la reforma de la justicia, que el gobierno debió enterrar. Ni qué decir tiene la gallada de convertir la popularidad del Presidente, difusa por definición, en 7 millones 200 mil votos, umbral necesario del referendo.
La conmoción interior no sólo servirá para criminalizar el movimiento social y laboral, a la manera del Ministro Arias, para quien bloquear una carretera es un acto terrorista; o como la insólita protesta del Ministro Palacio, el del cohecho, porque tras los paros él adivina la intención de “oponerse al gobierno”. La caverna, negación ramplona de toda democracia. Honrando nuestra particular tradición de avasallar también a jueces y legisladores, el gobierno guardará formas de la democracia, para que no se diga que en Colombia manda un chafarote. Pero ahora se suman tres ingredientes nuevos. Primero, el Presidente anuncia que “aprovechará” el estado de emergencia para proponer cambios en el poder judicial que se conviertan en norma permanente, por encima del Congreso. Vaya uno a saber (y aquí lo nuevo) si ellos persiguen todavía salvar de los tribunales a parapolíticos, a funcionarios acusados del cohecho que lo reeligió la primera vez y a miembros de las fuerzas militares acusados de crímenes de Estado.
Segundo, la conmoción interior no hará sino acelerar el proceso de absorción de la Justicia y del Congreso por la Casa de Nariño. A pesar de la denuncia de Vivanco, vocero de HRW, en el sentido de que el gobierno de Uribe obstaculiza las investigaciones de la justicia contra la mafia paramilitar y sus cómplices en el Congreso. Tercero, si damos crédito al presentimiento de quienes andan en la pomada política, la conmoción interior será el trampolín de la reelección en 2010, en 2014, y sabe Dios hasta cuándo.
Si el segundo mandato de Uribe atestigua el desastre que la reelección ha causado en las instituciones republicanas, las que le sigan darán al traste con la democracia. Y no se crea que Uribe flaqueará porque empiece a sentir el calor del sol a sus espaldas. O porque se le rebote el pueblo. Antes bien, en sicologías como la suya, tocadas de divinidad, podría dar sin pestañear el salto olímpico de la presidencia imperial a la dictadura electiva.
por Cristina de la Torre | Oct 14, 2008 | Mujer, Octubre 2008
El oportunismo y la inconsistencia moral de Monseñor Libardo Ramírez no tienen límites. Cabalgando sobre el repentismo de una sociedad que busca exorcizar sus culpas con cadena perpetua para los asesinos de niños mientras tolera el imperio de la motosierra, el presidente del Tribunal Eclesiástico propone matar en vida a la mujer que aborta: “aprovechar” un referendo para lapidarla por incurrir en “asesinato desde la concepción”. Gracias a una “frasecita” incluida en la consulta, las primeras reas serían el ejército de niñas menores de 14 años que resultan embarazadas por abuso sexual y cuyo número creció 20% en el último año. Tras violadas, condenadas. Les seguiría una multitud de mujeres que desafían los derechos que la religión le atribuye al feto. Esta se ensaña en la libertad, la salud y la vida de millones de féminas, Evas cuya bíblica perversidad avergüenza a la humanidad.
El aborto plantea, desde luego, un problema ético. Para sus enemigos, por ser el feto un ser humano, tiene derecho a la vida; y como el aborto niega ese derecho, resulta moralmente inaceptable. Pero los defensores del aborto sostienen que el feto no es un ser humano; y que, así lo fuera, su derecho a la vida debe subordinarse a los derechos de la madre: el de la defensa propia y el de disponer de su cuerpo. Derechos que prevalecen sobre el derecho a la vida del feto. Disponer a voluntad del cuerpo propio es decisión personalísima que puede incluir la maternidad o excluirla. Y este derecho de propiedad sobre el cuerpo no sólo rige para encintas en peligro de muerte sino para aquellas que llevan embarazo normal. Si contra toda precaución queda preñada la mujer, a ella le asiste el derecho legítimo de negarle al feto el uso de su cuerpo para convertirse en persona. No se le puede obligar a parir un hijo no deseado. El feto no tiene derechos contra su madre, como nadie podría tenerlos. A nadie se le puede exigir el sacrificio de su vida en favor de otra.
Ciudad de México acaba de despenalizar el aborto, con fundamento en el derecho de la mujer a decidir sobre su propia vida. Y ha suscitado enfrentamientos entre fieles de la virgen de Guadalupe que, ataviada con fetos, exclama –“ya me mataron a un hijo, ¿me van a matar más?”, y mujeres que exigen “quitar sus rosarios del mis ovarios”. ¿Son criminales, por defender el derecho a la vida… de la mujer?
El aborto concierne a los derechos de la persona y pertenece al fuero exclusivo de su intimidad. De la misma manera que se escoge una religión, o ninguna, sin que por ello deba el ciudadano perecer en prisión. En democracia, no pueden imponérsele a la vida civil parámetros religiosos. La controversia sobre la legalización del aborto no puede darse sino en términos de la ley civil, lejos de la moral religiosa que ciertos jerarcas de la Iglesia insisten en imponer para provocar resultados de horror: robarle la vida (que en ello consiste la cadena perpetua) a quien defiende su propia vida.
Tan frágil el razonar de estos purpurados, como cruel fue su incitación a linchar gente en nombre de Cristo-Rey, en tiempos de la Violencia. Salvo a los cientos de fosas comunes, a todo en Colombia lo han vuelto crimen. Mediante algún articulito, pronto nos dirán que abortar es cortar el cogollo de los hombres que nos darán seguridad contra el Mal. Pecado de lesa Patria.
por Cristina de la Torre | Oct 7, 2008 | Corrupción, Octubre 2008, Uribismo
El hiperpresidencialismo de la nueva Constitución ecuatoriana es pálido reflejo de los excesos que se practican hoy en Colombia. Allá, la incursión del ejecutivo en los órganos de justicia y de control dizque busca medios para remontar los estragos de 20 años de neoliberalismo. Ver para creer. Pero en Colombia, no sólo va concentrando todos los poderes en la persona del Presidente Uribe, sino que quiere neutralizar la acción de la justicia contra el delito. Dígalo, si no, el rosario de escándalos que rodea al propósito de proteger contingentes del uribismo sindicados de aliarse con el crimen, y de burlar las decisiones de los tribunales contra funcionarios del alto gobierno.
Ultimo fruto del golpe de mano: la operación salvamento del Ministro Palacio, acusado de cohecho, por graciosa intervención del Consejo de la Judicatura donde debutan fichas del Presidente como el inefable Ovidio Claros. 5 de los 7 magistrados de la Sala que se pronuncia son uribistas, y al finalizar el año lo serán todos. Este hecho, unido a la reforma de la justicia que apadrina el ministro del ramo, se propone debilitar a la Corte Suprema (que procesa la parapolítica); abrir un boquete por donde escapen de sus celdas los implicados; y allanarle el camino a un proyecto de largo alcance afirmado en las elites más conservadoras y en nuevos sectores que a veces se disputan a sangre y fuego una posición de mando en la sociedad.
No otra cosa se infiere de la frescura con que el Presidente abraza la causa de su Ministro Valencia, hermano, promotor, jefe político y defensor en la sombra del Director de Fiscalías de Antioquia, sorprendido en andanzas íntimas con la mafia del narcotráfico. “Ni un paso atrás, Ministro”, le dijo Uribe, cuando el país y el mundo se preguntaban atónitos si un demócrata podía mantener en el cargo a un hombre en funciones presidenciales que así despreciaba su responsabilidad política. Pues si, al parecer el Presidente lo sabía todo.
Informa Semana que el alcalde de Medellín, Alonso Salazar, le había advertido sobre graves sospechas de infiltración de la mafia en la Fiscalía de Medellín. Y reafirmó en Cambio que desde 2004 venía insistiéndole en la denuncia. En debate parlamentario memorable, se pregunta el senador Jorge Enrique Robledo por qué el gobierno no le paró bolas. ¿Acaso porque el funcionario viene protegido por su hermano desde Palacio, de la misma manera que el Presidente no actúa frente al Ministro como Jefe de Estado sino “como padrino”?
Pero del ascendiente de los Valencia en el alto gobierno participan los socios de Guillermo, el menor, miembros de “una banda peligrosísima de delincuentes, narcotraficantes y paramilitares”, dice Robledo. De Felipe Sierra, el empresario de aquella cofradía, se dice que se paseaba alegremente por los consejos comunales y de seguridad del Presidente Uribe.
Si en Ecuador se quiere justificar el autoritarismo en aras de “un mejor vivir”, en Colombia el gobierno atropella a los poderes públicos por ansia de gloria y para construir el nicho de poder que la venalidad reclama, por encima de la ley. Si el Presidente no fustiga ya la corrupción y la politiquería, será para no contradecir la entraña misma de su gobierno. Es de temer que tampoco podrá hablar ya contra el delito, que se pasea, desafiante, hasta en la Casa de Nariño.