MODELO ECONÓMICO EN COLOMBIA |
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TEMAS / Columnas sobre MODELO ECONÓMICO EN COLOMBIA
Andi: ¿por un plato de lentejas?
Reivindicó, ni más ni menos, retorno a la industrialización y se conformó con una fruslería: migajas concedidas por el modelo depredador que casi demoliera en 25 años la economía productiva del país. Había sorprendido el presidente de la Andi, Bruce McMaster, al reclamar una estrategia industrial emancipada de los abusos del libre comercio –impuesto sin simetría entre tiburones y sardinas–; y el restablecimiento del ministerio de Desarrollo, clausurado en 2002 en obedecimiento al dictamen de que la mejor política industrial es no tener política industrial.
Paloma-Pretelt: La derecha al desnudo
Nada más saludable. Que la crudeza de los hechos vaya venciendo a la demagogia y la impostura sugiere que Colombia podría empezar a soñar con labrarse un porvenir civilizado. Las guerrillas –con su reiterado desliz de rebelión en terrorismo– no son santas palomas. Ni Paloma Valencia consigue ocultar tras su propuesta de separar razas en el Cauca cierto asco atávico hacia los “nativos”. Repulsión que ha catalizado una historia de exclusión, de despojo, por élites de fusta y fusil adictas a la impronta esclavista. Ni podrá Jorge Pretelt escapar a su suerte: simbolizar (¿injustamente?) el brutal acumulado de corrupción y violencia de aquella otra oligarquía, la del norte, cuyos dominios expandió a menudo mediante desplazamiento o asesinato de campesinos, a manos de su aliado en esa gesta, el paramilitarismo.
NO, NO SON CAPACES
No vengan los empresarios con lamentos. La pataleta que protagonizaron por un ajuste franciscano en impuestos desnuda el alcance de su “soy capaz”: autobombo con una campaña publicitaria que convoca reconciliación, pero nada que comprometa su más grosero interés inmediato. Su aporte a la construcción de la paz se contrae a la promesa de enganchar en su firma a algún desmovilizado. Por presumir de dar el empleo que nunca crearon en respuesta a los favores tributarios recibidos una y otra vez. No bien se anunciaron medidas para llenar el hueco de 12.5 billones abierto por los regalos concedidos a los ricos en la reforma tributaria de 2012, protestó Luis Carlos Sarmiento, potentado de 16 mil millones de dólares que ocupa el puesto 56 entre los más acaudalados del orbe. Se le oyó reclamar airado el día mismo en que se hacía, de un pastorejo, con 2.5 billones de pesos en la bolsa de Nueva York.
DE REVOLCÓN EN REVOLCÓN
Primero fue César Gaviria: con ruidosa bienvenida al futuro –metáfora de progreso- anunciaba él hace 23 años el revolcón de la apertura como pasaporte a la modernidad y la abundancia. Pero su futuro se resolvió en opulencia de pocos, ruina de muchos y contramarcha al pasado. Sin política industrial previa, la apertura económica atrasó aún más el campo, desindustrializó el país y lo devolvió a la economía de enclave que prevaleció hace un siglo. La minería rentista no crea desarrollo ni da empleo. El turno es ahora para el ministro Lizarralde, que anuncia su revolcón en agricultura: promete, cómo no, desarrollo productivo, competitivo y sostenible para el sector. Se le concedería el beneficio de la duda, si no obraran tantos hechos en contrario.
ISAGÉN: FERIANDO LA JOYA DE LA CORONA
El paro agrario y la decisión de privatizar Isagén remiten a la pepa del modelo que burla el desarrollo y sacrifica el bien común a la gula del capital privado. Mientras el mundo entero lo censura, en Colombia se le rinde todavía pleitesía al paradigma del mercado que, aplicado a rajatabla por todos los gobiernos desde César Gaviria, ha desindustrializado el país, quebró el campo y acentuó la desigualdad. A la obsesión de apertura comercial sumó la de privatizar las funciones del Estado y sus empresas. Contra la primera irrumpe hoy la protesta del agro que languidece bajo importaciones de alimentos de producción nacional y que, con TLC, arrasarán. Y el gringo ahí.
EL EMBELECO DE LA TERCERA VÍA
Si el faro del segundo mandato de Santos va a ser la Tercera Vía –como lo fue en el primero, según el propio Presidente- se nubla el horizonte de la paz. Salvo la ley de Víctimas y Restitución de Tierras, y el proceso de La Habana, sus políticas respondieron a aquel neoliberalismo edulcorado. No se ve cómo pueda acometer con tal referente las reformas del campo y de la política esbozadas en Cuba, cuya urgencia resienten las mayorías. O revertir una reforma tributaria que redobla gabelas a los ricos. O una estrategia de integración a la economía del mundo mediante tratados que sacrifican el desarrollo propio. O un modelo de salud que, tras cuatro años de vacilaciones, sigue devorado por las EPS.
PACÍFICO: DE TIBURÓN Y SARDINAS
La Alianza Pacífico formalizó en Cali el enfrentamiento de dos modelos de integración en América Latina. Uno, Mercosur en cabeza del Brasil, busca de nuevo el desarrollo, vínculos con la economía mundial que lo estimulen, y autonomía de sus políticas frente a Washington. Otro, el paradigma de libre comercio asimétrico que EE. UU. reanima con tratados comerciales entre tiburón y sardinas, e inyecciones de oxígeno como ésta de cuatro presidentes en diligente labor de salvamento del engendro que agoniza en el mundo entero. Su divisa, sustituir el trabajo nacional por el extranjero en países como Colombia que ven ahogarse su producción bajo la inundación de importaciones que invaden supermercados y carreteras. Paraíso tan ficticio como efímero, pues no se sabe cuándo huyan en estampida los capitales especulativos y comerciales que financian la importación de tanta mercadería foránea.
ECONOMÍA: COLOMBIA EN LA CUERDA FLOJA
Ilusiones o mentiras, lo mismo da. La ruidosa fanfarria del Gobierno para hacernos creer que la inversión extranjera y las exportaciones convertirán a Colombia en potencia económica a la vuelta de la esquina no oculta el nubarrón que se agolpa sobre el horizonte; al contrario, será el sector externo el encargado de arrastrarnos al abismo. Así lo demuestra el economista Mauricio Cabrera en foro de la revista Semana y la universidad Sergio Arboleda sobre perspectivas de la economía colombiana para 2013. Resulta que importamos más de lo que exportamos y los extranjeros que invierten en Colombia se llevan más dinero del que traen, o le arrebatan los compradores colombianos a la industria nacional. De todo ello resulta un nuevo envión de desindustrialización, como asevera la ex ministra Marta Lucía Ramírez.
MODELO ANTIEMPLEO
Una virtud ostenta la reforma tributaria del ministro Cárdenas: desnuda sin pudor el modelo económico que la inspira, el paradigma que no crea empleo y dispara las desigualdades. Y lo acentúa. En su grosera predilección por los ricos, la propuesta busca empero vestir de oveja al lobo, barnizarlo de rosadito. Dizque persigue trabajo y equidad y, ahora, combatir la enfermedad holandesa; pero porfía en el principio económico que ha sublevado a Europa entera.
Primero, la argucia impiadosa, refutada por los hechos, de que a más gabelas para los empresarios, más invierten ellos y más gente ocupan. No. Las empresas sólo se expanden cuando las ventas crecen o cuando surgen nuevas oportunidades de inversión. Pero a la proverbial glotonería de tanto empresario que se embolsilla los “estímulos” tributarios, de tanto Nule que le roba millonadas al Estado, se suman los ímpetus de un modelo de apertura comercial que ha feriado la industrialización. La competencia de productos extranjeros al amparo del TLC devora a las pequeñas empresas y estanca a las grandes o las hiere de muerte.
MENOS IMPUESTOS A LOS POBRES RICOS
La cantinela de siempre: que los pobres empresarios, almas de Dios, no crean empleo porque los impuestos laborales los devoran. Entonces el ministro de Hacienda, doctrinante del pensamiento único que se impone contra toda evidencia lógica y práctica, les perdona los parafiscales. La panacea. Dizque la reforma tributaria formalizará un millón de empleos y reducirá la inequidad, cuyos causantes serían los asalariados e independientes. Pero el CESI de Eafit demuestra que sólo se formalizarían 125 mil empleos y que éstos representarían una desproporcionada tajada del PIB, para compensar cuanto los empresarios dejen de cotizar a Salud, Sena e Icbf. Sesudas investigaciones de Óscar Rodríguez demuestran que eximir a las empresas de estos impuestos, lejos de abrir puestos de trabajo, sacrifica garantías a los colombianos más vulnerables y agudiza la desigualdad.
Cristina de la Torre