TEMAS / Columnas sobre URIBISMO
AUGUSTO IBAÑEZ: ¿EL ULTIMO BASTION DE LA DEMOCRACIA?
Tras la exaltación del Presidente Uribe se entrevé un acumulado de abusos y delitos de sus funcionarios que interpelan ya a las cortes internacionales: cohecho de una vía, que manda a la cárcel a Yidis Medina y exonera a los ministros del caso; más de un tercio de los parlamentarios, casi todos afectos al Gobierno, implicado en delitos de lesa humanidad; transformación del DAS en policía política y aparato de persecución contra la Corte; falsos positivos que pasan de dos mil y espectáculos de corrupción oficial como el de AIS, sumen al país en la peor de sus crisis, y demandarían el ejercicio pleno y autónomo de la justicia. He aquí, se dice, el mar de fondo de una cruzada de tres años contra la Corte, reducto final del Estado de derecho que no ha sucumbido al abrazo de Alvaro Uribe.
DESPOTISMO DESLUSTRADO (II)
El nazismo y su parentela explotaron a favor de la arbitrariedad la semilla totalitaria que la democracia incubaba en su seno, si bien las sociedades modernas habían ideado normas capaces de contrarrestar aquella tendencia disolvente. Hitler cooptó a Carl Schmitt, para quien la democracia sería compatible con la dictadura plebiscitaria, con el bolchevismo y el fascismo. Si la democracia era apenas un método para validar la voluntad general mediante la regla de la mayoría, terminaría por servir a cualquier amo: bien podría el mismo pueblo decidir por mayoría la supresión de la democracia. Añadió Schmitt que el pueblo es masa, que ésta sólo adquiere entidad política por adherencia a un líder y confrontación con el enemigo que éste le señale.
DESPOTISMO DESLUSTRADO
No faltará a quién le ofenda la comparación. Exagerada le parecerá, arbitraria. Pero, guardadas proporciones, ella alude a fenómenos del mismo orden. En su escalada sibilina hacia la dictadura, Uribe se ampara en la aritmética de una supuesta mayoría. También a Hitler lo llevó al poder un movimiento de masas y en él lo mantuvo 12 años. Muchos matices separan a estos dos hombres, claro: si el alemán fue genio del mal, el nuestro será simple aprendiz de caudillo para república bananera. Y, en punto al pueblo, destaca otra diferencia de bulto. Hitler lo usó para legitimarse, pero lo redimió en la crisis de los 30: le dio empleo y elevó su nivel de vida, aunque nunca ocultó su desprecio por las muchedumbres. Uribe, por su parte, halaga la soberanía popular, los voticos, y los envuelve en miel para feriar, de golpe, 200 años de una democracia en construcción.
CONTRA VIENTO Y MAREA
Alvaro Uribe cosecha los frutos de tres robles que la Constitución del 91 sembró: la descentralización, la democracia “participativa” y la cruzada contra los partidos. Gracias a ellos, podría quedarse en el puesto indefinidamente. Sin salvaguardas que previnieran el abuso de la democracia directa, este mecanismo terminó abriendo la tronera de la opción plebiscitaria que nos acerca, más y más, a la autocracia. Una concepción de soberanía popular como voz del caudillo por cuya garganta habla Dios, terminará por suplantar las más caras conquistas de la democracia moderna. A este fin habrá contribuido la animadversión hacia los partidos que animó el espíritu de aquella Carta.
CUÑAS DEL MISMO PALO
Andan todos, a cuál más recursivo, sacándole el jugo a su Estadito de opinión. Césares del trópico, Chávez, Uribe y Correa lo exprimen desde todos los flancos, con ayuda de las encuestas, de los medios y del tesoro público que ellos administran como cosa personal. Ya movilizan al pueblo para montar constituciones que los amarran al poder. Ya amordazan a quienes se extravían del camino que conduce, inexorable, a la aclamación del caudillo. En todo caso, acaban ellos por usar en su favor la esperanza siempre embolatada de las gentes. Y a esto le llaman Estado de opinión. Señuelo de demagogos que deriva en monopolio indefinido del poder.
SIETE AÑOS EN OLOR DE OPINION
A su séptimo aniversario de gobierno, el “Estado de opinión” del Presidente Uribe da lecciones a cuanto aprendiz de dictador aparece en la región, llámese Correa o Chávez o Zelaya. So pretexto de representar al pueblo, el novel paradigma invierte el sentido de la democracia. Al amparo de la libertad de pensamiento, las revoluciones liberales habían consagrado la opinión pública como expresión del sentir plural de la sociedad y medio de control sobre el gobernante. Pero ahora, ella funge como instrumento del Príncipe para convertir al pueblo en rebaño, y en “voluntad general”, el personalísimo interés del primero. La propaganda, siempre astuta, no pierde oportunidad para exhibir al caudillo; para presentar como blanco lo que es negro, y negro lo que es blanco; para trivializar lo importante y magnificar lo baladí, para tender velos sobre las “vergüenzas” cuando cae la hoja de parra.
IDEAS CORTAS, LA CONSIGNA
Hay en Colombia quienes empiezan a coquetearle a un modelo de esa laya, a título de “gobierno de opinión”. No otra cosa sugiere la columna de un asesor presidencial que condensa el ideal de este gobierno en una simplificación grosera, apologética. Pieza rudimentaria de propaganda, menea la guerra como forma excelsa de la política, convoca la unidad del pueblo alrededor de su caudillo sin “división nacional” ni “lucha de clases”, y exhuma todo su odio contra el enemigo malo (en el país de la motosierra). Acaso para evocar las gestas del Cid Campeador, o las de los nobles de la Mesa Redonda, se proclamará primer caballero del Presidente y hasta mariscal de campo en sus batallas.
PARECIDOS QUE MATAN
Con los únicos precedentes de jefes nazis, dictadores argentinos de los años 70 y el yugoslavo Milosevic, han condenado a Fujimori por violación de los Derechos Humanos. “Autoría mediata” de asesinato y secuestro es la figura que se le aplica y compromete a quien comete un delito por interpuesta persona. Siendo Presidente, el peruano contrajo responsabilidad política por la masacre de 25 personas a manos del grupo paramilitar Colina; y por el secuestro de otras dos en instalaciones del servicio de inteligencia del ejército, en desarrollo de la guerra sucia que culminó con la derrota de las guerrillas. Luego se le comprobó al ex-mandatario responsabilidad penal en la eliminación de aquellas personas, asesinadas por simple sospecha de asociación con el terrorismo.
DAS, LA PERLA DEL REGIMEN
En Colombia, el DAS ha derivado en aleación de policía política que evoca aquellos experimentos y mafias al servicio del crimen. A fuer de velar por la seguridad del Presidente y del Estado -misión de la Inteligencia en las democracias- en este gobierno el DAS persigue a dirigentes sindicales, a la oposición, a la prensa y a la Corte Suprema de Justicia; desprecia los derechos y libertades del ciudadano; y se ha convertido en mercado negro de información sin orden judicial para miembros del alto gobierno que la soliciten a título personal, para guerrilleros, narcotraficantes, paramilitares y toda suerte de delincuentes.
URIBE Y CANO EN SU LEY
Como Cano, también Uribe sabe que el triunfo militar no es dable para ninguna de las partes. Cano juega con la guerra para restablecer el orden y la moral en sus tropas; y con audacias políticas como la de liberar secuestrados cuando más de un candidato agita ya banderas blancas. Uribe, por su parte, no puede sino encarnar la mano dura y el corazón de piedra que le dieron fama y poder y lo atornillan en la silla de Bolívar mientras dure la guerra; es decir, hasta cuando mi Dios agache el dedo. Es su manera de cohesionar al uribismo y cuidar su popularidad.
«A la inminente finalización del conflicto armado opone Álvaro Uribe una resistencia que, librada a su suerte, podría derivar en baño de sangre.»
Cristina de la Torre.