TEMAS / Columnas sobre IZQUIERDA

LA HORA DE LA OPOSICION

“Facundapradera”, lector de este espacio, comenta: los ciudadanos que votamos por Mockus “consideramos válido un cambio en las formas de hacer política, como elemento necesario para enrumbar hacia la equidad, (eliminar) las maquinarias del clientelismo, la corrupción y la parapolítica (…), práctica interiorizada en nuestra cultura política que impone (una respuesta radical de la ciudadanía)”. La respuesta se dio. Aunque derrotados en las urnas, los millones de colombianos inconformes con esta negra noche que quisiera prolongarse más allá del 7 de agosto, podrán ahora expresarse como poder desde la oposición.

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EL MORALISMO COMO POLITICA

Hay en esta Ola excluyente quienes ignoran que los propios sufragantes del uribismo son las primeras víctimas del gran Dador que les dispensa migajas del presupuesto oficial, como larguezas suyas y no como derechos. Pero el mayor enemigo de la Ola Verde es ese hálito de indignación moralizante que los más vociferantes entre ellos despliegan. Y el ingrediente religioso, ¡ay! Si al moralismo elevado a la categoría de política se agrega la sacralización de la ley y de los recursos públicos, ya podríamos ver a la promotora de la cadena perpetua contra abusadores de niños vestida de cartuja lapidando adúlteras al lado del Procurador que no despacha con los códigos sino con la Biblia.

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EL PROFETA LIGHT

Por lo pronto, es de temer que Mockus se corone, no ya como Mesías populista sino como el Mesías posmoderno que estira nuestra democracia refrendaria hasta cuando mi Dios agache el dedo sobre mayorías alebrestadas contra la oposición. “Antipolítico” de la hora que acumula larga brega por el poder, mucho en Mockus parece responder a juego preconcebido para impresionar a la muchchada, más susceptible a símbolos e imágenes que a programas. Con un aire Light de intrascendencia y la fuerza emotiva de sus vacilaciones, aspira a capitalizar para sí la servidumbre voluntaria que la misma masa de facebook le había prodigado a Uribe. Masa tan amorfa como las montoneras electorales de los partidos de antaño. Cardumen irreflexivo que se presume voto calificado, sólo la anima la fe. Ayer vibró contra todo opositor que al Mesías se le antojó terrorista, hoy aplastará a quien discrepe de Mockus, por corrupto.

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LA NUEVA IZQUIERDA

Ni comunismo, ni capitalismo salvaje. Cerraron su ciclo las extremas, para dar paso a una nueva izquierda. Sin tropel proletario ni antiimperialismo de campanario ni escaramuzas armadas, esta izquierda se juega en las urnas.
En Colombia, es alternativa a una derecha rabiosa cuya hegemonía expira y evoca tiempos aciagos de la Regeneración y la Violencia. La persecución que se le tendió desde el DAS y desde cuanto micrófono se le ofreció al Presidente para asociarla con el terrorismo, no consiguió liquidarla. José Obdulio tendrá que reconocer que izquierda y derecha sí existen. En el mundo y en Colombia.

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PETROSTROIKA

Un doble desafío enfrenta Petro: remontar la indigencia programática de la izquierda y, de pasada, llenar el vacío de propuestas económicas del gobierno. En sintonía con los tiempos y con el país, éste lanza iniciativas de desarrollo que dejan en paños menores a las extremas: revitalizar el Pacto Andino y emprender una reforma agraria que principie por expropiar las 6 millones de hectáreas malhabidas para devolvérselas a los campesinos que deambulan por el campo o se hacinan, desplazados, en las ciudades. Petro libera a la izquierda moderna del purismo de otros que, sin embargo, enmudecen ante la corrupción de la Alcaldía de Bogotá. Sabe, por otra parte, que Uribe carece de programa económico. Su Plan de Desarrollo, el Estado Comunitario, ni es plan ni es de desarrollo.

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AGUA Y ACEITE EN EL POLO

En Colombia, el Polo debió sumar a aquella disyuntiva ideológica la de cohonestar o condenar los crímenes de las FARC. El declive inexorable de este partido se precipitó hace un año cuando 8 millones de colombianos se volcaron a las calles en grito unánime contra esa guerrilla y el Polo se hizo el desentendido. Contra el querer originario de sus fundadores, empezaba a prevalecer la ortodoxia en ese partido, y el PC, miembro suyo, se permitía justificar en su programa oficial la lucha armada como forma legítima de hacer política.

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POLO: EL CHANTAJE DE LA UNIDAD

Se ve venir. Una amalgama de conservadurismos se dispone a aplastar en el Polo a la corriente de izquierda democrática que encabezan Lucho, Petro, Maria Emma. Contra ella militan, redivivos, la roca prehistórica del estalinismo; los comandos anapistas del General Rojas Pinilla; el clientelismo que vuelve a instalarse en la Alcaldía de Bogotá, y los escurridizos nostálgicos de la lucha armada. Cofradía de obispos sin grey, estos prohombres del Polo tornan a las capillas de donde nunca terminaron de salir para mostrarse los dientes, cada uno queriendo presidir la misa mayor, mientras la ultraderecha aprieta su marcha hacia un régimen autoritario.

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“Hay en Colombia una realidad espeluznante” Afirma Iván Cepeda, mentor de la lucha por los Derechos Humanos

Cepeda piensa que no se ha hecho borrón y cuenta nueva. Los crímenes de Estado, dice, son una constante en nuestra historia contemporánea. Para él, el exterminio de la UP es un genocidio por razones políticas perpetrado por agentes del Estado en colaboración con grupos paramilitares. Los “falsos positivos” serían ejecuciones extrajudiciales precedidas de desapariciones forzadas que se han presentado en el contexto de la política de seguridad democrática. Cree que mientras existan patrones de criminalidad sistemática desde el Estado no se superará el fenómeno. Reconoce Cepeda los logros iniciales de la seguridad democrática; pero cree descubrir tras la retórica de José Obdulio Gaviria “una realidad espeluznante: la corrupción, la desinstitucionalización del país, el enriquecimiento fácil, el empoderamiento de personajes tenebrosos…”

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POLO SIN NORTE

Negros pronósticos se ciernen sobre el Polo. El derrumbe del modelo de mercado lo sorprende con las manos vacías, sin propuesta alternativa, cuando este partido se aboca a la disyuntiva de disputarse el poder en grande o depurarse como secta de oposición perpetua. Sin ideario para la hora, sin programa que le dé norte y lo distinga como opción de desarrollo y democracia, o se revienta, o termina absorbido por el centro liberal. A falta de espina dorsal, la preservación de la unidad termina allí sofocada por la rivalidad de caudillos en ciernes; y la política de alianzas con otras fuerzas querrá trazarse desde la añoranza de las certidumbres perdidas, o bien, desde un pragmatismo sin principios. Las corrientes ideológicas, deseables en toda organización democrática, en el Polo no demorarán en degradarse como alimañas y en copar toda la escena.

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HACIA DÓNDE VA PETRO

Un hálito de misterio envuelve su figura. Tímido, al contacto personal, en la controversia de auditorio puede triunfar con una idea incendiaria expresada a sotto voce, y en la plaza pública arrastra multitudes. Su debate contra el presidente Uribe, en el que acusó a familiares del Primer Mandatario de cultivar amistades peligrosas, lo convirtió en figura nacional. Y su crítica sin atenuantes a las FARC lo catapultó al partidor de las candidaturas presidenciales. Pero sus ideas son una incógnita. Parecería imposible imaginar, por ejemplo, que Gustavo Petro pudiera abrevar en la misma fuente de los neoliberales.

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«Lo que se derrumba en el subcontinente no es la opción socialdemocrática con que la izquierda replicó al neoliberalismo; es su envilecimiento en caudillismo y corrupción. A menudo también en ruindades autoritarias como la de truncar la libertad de prensa.»
Cristina de la Torre

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