MODELO ECONÓMICO EN COLOMBIA
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TEMAS / Columnas sobre MODELO ECONÓMICO EN COLOMBIA

COLOMBIA, ¿PAÍS MAFIOSO?

La audaz recuperación de 41 mil hectáreas la semana pasada en Urabá es una carga de dinamita contra el bastión agrario del narcotráfico. Enhorabuena. Pero, siendo causa suprema de la corrupción sin límites que este Gobierno y los organismos de control destapan día a días, el narcotráfico produjo efectos más perniciosos aún: torció la mentalidad de los colombianos hacia la complacencia con el robo y la indiferencia frente el crimen. No pocos asumen estas actitudes o aspiran a imitarlas. En particular, cuando gobernantes y delincuentes de cuello blanco se convierten en modelo de conquista a codazos del poder y la riqueza, en un país donde las oportunidades son privilegio de ricos. Para muchos colombianos, el narcotráfico es la oportunidad que redime de la pobreza.

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SALUD: VOLVER A BARAJAR

A punto de clausura se encuentran decenas de los hospitales públicos que el ex ministro Palacios no alcanzó a cerrar. Hoy, como ayer, agonizan porque las EPS y el Gobierno no les giran a clínicas y hospitales los cuatro billones que les adeudan. Ignominia de un sistema de salud entregado a marchantes sin escrúpulos –con bendición de la Constitución y la ley-, el hecho revela la dimensión de la catástrofe. La salud derivó en enfermo terminal que el ministro Santa María quisiera reanimar con paliativos, medidas aisladas y ambivalencias para con las EPS. Hoy le preocupa el Fosyga, pero no hace mucho defendió la integración vertical que a aquellas les permitió ensanchar la chichería con hospitales propios, casi siempre comprados a huevo tras expoliarlos hasta la quiebra.

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CONSTITUCION CONSERVADORA (II)

Difícil cantar hoy el Aleluya que hace veinte años bautizó entre lágrimas la Constitución que auguraba paz y patria para todos. Si agridulce el balance en política, amargo resulta en economía: la Carta del 91 fue instrumento del revolcón neoliberal que no cesa. El hálito socialdemocrático le vendría de su porción intervencionista, que entresacó de la Constitución de 1968. Mas en esta equívoca amalgama de disposiciones y valores opuestos, la exaltación de la libre competencia a rango de derecho fundamental obró con eficacia ejemplar: extremó hasta el escándalo la concentración de la riqueza. El principio igualitario fue más arabesco que mandato, y el Estado social, letra débil. Tampoco lo que había era la panacea, claro. Pero allí donde sobrevivió el núcleo del modelo industrializador, nació una estrella: Brasil.

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CONSTITUCION CONSERVADORA

Envuelta en pétalos de rosa, la Constitución del 91 validó un modelo económico ultraconservador que frustró en el huevo la divisa del desarrollo y su dirección por el Estado. Catapultó a una elite de importadores y banqueros sin patria, glotones, indiferentes a la miseria que dejaban a su paso por el poder. Entre los panegíricos que proliferan por estos días –merecidos, digamos, por la consagración del Estado laico y el entierro del Frente Nacional- poco se habla de la realidad económica que se impuso sobre la letra (a menudo reformista) de la Carta. Si Colombia es hoy campeón en desigualdad, pobreza y violencia en América, no será porque la norma escrita tardara en transformar la realidad. Es, precisamente, por lo contario: parte de sus disposiciones no podía sino producir tan vergonzoso resultado. El principio neoliberal que prevaleció en su inspiración y cobró cuerpo en el articulado se engulló el “derecho a la vida digna”, hasta convertirlo en rey de burlas.

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BANQUEROS AL BANQUILLO

Me pusieron apodos los banqueros –dijo el ministro Echeverry con su cara de niño travieso- y creo que hasta me declararon persona no grata. No era para menos. Hacía muchos años ningún miembro del alto gobierno se atrevía a calificar de abusivo al todopoderoso gremio financiero. Menos aún sobre el recuerdo, todavía fresco, de un Uribe que tomaba decisiones de Estado al pie de la letra dictada por Luís Carlos Sarmiento. Ante los precios excesivos de servicios al usuario, el ministro anunció regulación del gobierno: “si hay abuso de posición dominante, si no hay competencia, tendrá que intervenir”. La decisión quedó incorporada a la reforma tributaria. Quién dijo miedo. Los banqueros pusieron el grito en el cielo.

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REINVENTAR EL PAÍS

A cambiar tocan. Si reconstruir significa repetir el esperpento de país que nuestras clases dirigentes edificaron para si, con frío desdén por las mayorías y los damnificados de siempre, será una frustración colosal y el harakiri de un gobierno que tantas esperanzas ha sembrado. Parece llegada la hora de erguirse sobre la desgracia, no para llorar sobre las lágrimas de tantos colombianos que perdieron hasta su último andrajo, sino para lanzarse hacia el desarrollo que vecinos como Brasil y Chile conocen ya. Relocalizar masivamente a la población. Industrializar. Planificar. Resucitar las marchitadas instituciones que el pasado gobierno terminó de sacrificar en el altar de la demagogia y la corrupción. Dejar en su sitio los huevos del gallo. Devolverle al Estado su protagonismo cuando lo que está en juego es, ni más ni menos, la vida, la dignidad, el futuro de 47 millones de colombianos. Y descentralizar.

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¿CUÀL TERCERA VIA?

Fue fulgor de un instante. La frase terminó extraviada entre la maraña de promesas que adornan la antesala del nuevo gobierno. Que su modelo es el de la Tercera Vía, le dijo Santos a Darío Fernando Patiño y el anuncio, soltado al desgaire, sólo suscitó interrogantes. Manoseado hasta el cansancio, el término puede acomodarse lo mismo a una socialdemocracia modernizada, al neolaborismo que acaba de periclitar ruidosamente en Inglaterra, al Estado social industrialista de un Lula o al modelo neoliberal que rige en Colombia hace dos décadas y Santos porfía en mantener ataviado ahora con galas de “progreso”. Para el presidente electo, el criterio cardinal de la Tercera Vía consiste en acudir al mercado hasta donde sea posible y, al Estado, hasta donde sea necesario. Versión vicaria del más rancio principio del laissez-faire, según demuestra la práctica.

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TLC: AUTOGOL OLIMPICO

En el descrédito que rodea el balance final de este gobierno, el Presidente Uribe acude al recurso desesperado de torcer la realidad: presenta la firma del TLC con la Unión Europea como victoria que le asegura a la patria un rosado porvenir, cuando el acuerdo la condena al atraso sin remedio. Primer damnificado entre los productores colombianos que desaparecerán son las 465 mil familias que viven de la leche. Este tratado, como el suscrito con EE UU, destruye en el huevo nuestra industria, arrasa con la producción agropecuaria no subsidiada y bloquea el surgimiento de nuevas industrias. Mata lo que existe y esteriliza lo porvenir.

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AQUELARRE EN EL CAPITOLIO

Insaciable. Desvergonzado. En premio a su confabulación con el paramilitarismo, al voluminoso fraude electoral del 14 de marzo, a su carrera de inmoralidades, este Congreso admirable se dispone a reajustarse pensiones por un monto que alcanzará el billón doscientos mil millones cada año. La cifra equivale a una reforma tributaria bien aplicada como terapia de reanimación a toda la red de hospitales públicos, o para pensionar a tres millones de ancianos abandonados al hambre en esta Colombia que es pasión. Con broche de oro cerrará esta legislatura, pues el reajuste será del 25% en las mesadas de los parlamentarios, cuando el del salario mínimo fue 3.6%. Todo, gracias a un proyecto tramitado como inciso menor, subrepticiamente, que beneficia también a 330 congresistas pensionados antes de 1992.

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AGRO: EL ZURRIAGO IMPLACABLE

En política agraria, descuella Uribe como discípulo aventajado de la escuela que en 1990 adoptó César Gaviria y cuyo último vástago es AIS. El artífice de Carimagua aprendió la lección y superó al maestro. A instancias de la apertura económica y dizque para fomentar cultivos de exportación como la palma africana, el abismo entre grandes propietarios y la miseria rural ha alcanzado proporciones que casi ningún país registra. Y tal inequidad apareja una violencia que hasta Stiglitz considera irreductible si no se crea empleo y se elimina el sistema de monopolios que avasalla al campo.

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«Sin violentar el capitalismo, como izquierda remozada en ejercicio de gobierno, apunta la ministra de Trabajo a la pepa del cambio que la reconstrucción del país apareja: el empleo, motor del desarrollo.»
Cristina de la Torre
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