TEMAS / Columnas sobre IGLESIAS

FLORES Y ESPINAS DE FRANCISCO

No podían creerlo. Ochocientas religiosas venidas de 75 países a congratularse con el nuevo Pontífice que se estrenaba en el espectáculo de la humildad lo oyeron tronar en pleno Vaticano contra monjas norteamericanas inconformes con la jerarquía masculina de Roma y su pensar. “¡Solteronas!” –les habría espetado Francisco el Bueno-; tan embebidas en el trabajo social con los pobres, a estas feministas no les quedaría energía para fustigar el aborto, la homosexualidad, el sacerdocio femenino. Remató instándolas a comportarse como madres espirituales y a obedecer a sus superiores, los obispos.

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REPÚBLICA CLERICAL

No se sacude Colombia el lastre de la Iglesia en el poder público. Caverna contra la sociedad plural y el Estado laico que desde nuestra frustrada revolución liberal de los años 30 redobla su ofensiva contra el poder civil, una mayoría de senadores hundió el...

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FRANCISCO, ¿LA MISMA BARCA?

El papa que hoy asume suscita más incertidumbres que certezas: salvo su condena sin atenuantes del matrimonio igualitario, el aborto, la eutanasia y el uso del condón, todo en él denota aún misterio, contradicción, ambigüedad. Dijo el sábado que la suya sería iglesia pobre para los pobres. Pero episodios de su pasado indican lo contrario. Lo grita su silencio (o complacencia) como provincial de los jesuitas en Buenos Aires con el dictador que asesinaba a miles de argentinos por reivindicar a los pobres. Imitaba así Bergoglio la costumbre papal de abrazar tiranos. No se sabe, pues, si sus exhibiciones de humildad sean recurso prestado a la publicidad para presentarse en sociedad, o entrega ciega del corazón y los haberes al hermano hambriento. Como la practicó Francisco de Asís. ¿Prefiere Bergoglio lavar la cara –o los pies- de la miseria para no tener que cambiar la sociedad que la produce, al tenor del Vaticano II? Su crítica a los excesos de la economía liberal ¿bebe en aquella fuente social democrática, o se emparenta con la descalificación antimoderna de la democracia liberal, que al lefebvrismo del vaticano se le antoja “demonio redivivo”?

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FUERZAS POLÍTICAS DEL CATOLICISMO

Pedofilia, corrupción, complots palaciegos son apenas el detonador de la crisis; su carga de profundidad, el destape de un conflicto latente entre fuerzas políticas que se baten en el seno de la Iglesia desde hace medio siglo y le atribuyen papeles opuestos al cuerpo de Cristo en la tierra. Una, busca sintonizarlo con el mundo de hoy encarando el problema social; otra, lo escamotea huyendo hacia la premodernidad. La fuerza más conservadora, que ha gobernado bajo la mitra de Wojtyla y Ratzinger, acusa crisis de autoridad y de credibilidad, por abandono del rebaño. Acallada su contraparte (la doctrina social de la Iglesia que Juan XXIII depuró en los 60) quedó el pueblo católico librado a la fatalidad de la pobreza, y convertida en delito de lesa divinidad su vida sexual y reproductiva. La renuncia de Benedicto empieza a desembozar este choque de corrientes políticas en la Iglesia, largamente silenciada con guante de hierro y armadura medieval. Dos lecturas del Evangelio, dos teologías que cristalizan en procesos políticos antagónicos.

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LA IGLESIA: CRISIS SIN REMEDIO

Renovación no habrá. Menos aún si ya Ratzinger dejó montado el aparato del cónclave que designará a su sucesor. Con mucho, el nuevo papa moderará el encubrimiento de la jerarquía a la pederastia y su hostilidad hacia los jueces que vigilan el lavado de activos del banco Vaticano. Pero endurecerá la nuez de la crisis: el pensamiento único de la Iglesia, mentís del politburó de Roma al espíritu compasivo y libertario del Concilio Vaticano II. Lejos de reconocer la pluralidad de tendencias en el catolicismo –réplica de la pluralidad de los evangelios- Ratzinger se aferra a la fuente de su poder absoluto, el monolito inmutable. Siempre aplicado a depurar la Iglesia como institución dogmática, el llamado del papa a la unidad no persigue otra cosa que seguir purgándola de indeseables.

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ABORTO: LA IGLESIA DIVIDIDA

No hay en la Iglesia unidad de doctrina moral sobre el aborto. En grosera simplificación del pensamiento católico, el procurador Ordóñez se arroga la vocería de todos los fieles y presenta como única su particular visión del problema: la invocación ultraconservadora de los Papas Pío XI y Pío XII, contraria a la de millones de bautizadas que, como “Católicas por el derecho a decidir” sobre el aborto, se ven hostilizadas por la corriente más reaccionaria que se ha impuesto a baculazos en la iglesia de Roma. Más atormentados por la vida de los no nacidos que por las legiones de nacidos que mueren todos los días de abandono, de hambre o de guerra santa, mentores suyos terminan en su dogmatismo por degradar a manipulación electoral este debate de filosofía moral.

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EL PARTIDO CATÓLICO

Ave Fénix resucitada de las tumbas de Laureano Gómez y Francisco Franco, se forma en Colombia un partido confesional de nombre Voto Católico que responde al odio de Alejandro Ordóñez a la mujer (motivo aborto), a los homosexuales y a todo el que anhela un buen morir. Los cinco millones de firmas que un reducto fundamentalista de católicos dijo reunir para revertir la norma que autoriza el aborto terapéutico es acción abiertamente política de cruzados que, en voz de Ordóñez, abominan de la “ideología de género” y del “laicismo militante” que alimenta “la agresión a nuestras tradiciones cristianas”. En su ofensiva por la reconquista del Occidente descristianizado, rescatan de los socavones más oscuros de la Iglesia medieval fósiles de moral y de política que piden votos, en momentos en que las religiones cosechan en las carencias de la democracia liberal.

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ABORTO: ¿ENTRE DIOS Y LUCIFER?

Sorpresa. A la cruzada revitalizada del procurador contra el aborto le salió al paso inesperadamente Lucifer. No ya la pecadora bíblica, víbora en carne de mujer perseguida hasta la muerte por devotos que prevalecen a golpes de crucifijo. Es que ahora se revela el mismísimo demonio en figura de ministerio. Del ministerio de Justicia, que propone no sólo respetar el aborto terapéutico sino extenderlo a todos los casos, pues la prohibición induce el aborto clandestino, insalubre, causa de muerte en miles de nuestras mujeres cada año. En bumerán se trocó la falsa retractación del procurador, que se le impuso por violar la Constitución para sabotear este derecho: Ordóñez mintió sobre la píldora del día después, sobre “promoción del aborto” por la Corte y sobre la objeción de conciencia. Pero eludió, astuto, la orden y anunció que redoblaría su campaña contra el derecho al aborto en los casos prescritos por la Corte.

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LA IGLESIA ANTE EL ABISMO

Anacrónica, violenta, corrupta, la monarquía del Estado Vaticano perpetúa la sordidez de sus homólogas cardenalicias de la baja Edad Media y el Renacimiento. Desplegando nepotismo, simonía, conspiración, guerra, traición y venganza, sus intrigas palaciegas se resolvían a menudo en asesinato del sucesor al solio pontificio: al poder y las arcas del reino. No ha mucho, en 1978, el papa Juan Pablo I habría muerto envenenado. Como envenenados murieron tantos de ellos en el 900, llamado el siglo negro de los papas. Ahora, según David Yallop, una cofradía de mafiosos, estafadores y fascistas se unía al cardenal Villot, secretario de Estado del Vaticano y al obispo Marcinkus, director del Banco Vaticano, para desaparecer al pontífice que quería desmontar la corrupción en la Santa Sede y reivindicaba una iglesia “pobre para los pobres”. Hoy se huele el cardenal Castrillón un complot de asesinato contra Benedicto.

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«No pierde el púlpito su función de tribuna política. Hacia 1950, apogeo de la Violencia, curas hubo que incitaban desde allí a exterminar el liberalismo y el comunismo ateo.»
Cristina de la Torre
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