TEMAS / Columnas sobre IZQUIERDA
De la Calle: reforma o estancamiento
Por su estatura moral e intelectual, artífice de la Constitución del 91 y del fin de una guerra de 52 años, Humberto de la Calle se ofrece como el más seguro candidato de la paz y del cambio que ella demanda. Crece el número de quienes le auguran la candidatura presidencial en la amplia coalición que se cuece como alternativa a las extremas de izquierda y de derecha: al Centro Democrático y a la Farc. Aunque reñida será la competencia con Claudia López, batalladora implacable contra la corrupción, que coloniza cada día nuevos territorios de opinión.
Desfigurando el legado de Camilo
Guerrilleros, académicos y pueblo raso interpretan tres memorias distintas de Camilo. El ELN lo convirtió en mártir de su causa revolucionaria, recurso del que echó mano fríamente tras la muerte del sacerdote en combate; muerte inducida por la cúpula de esa guerrilla, si damos crédito a testigos de excepción como Ovidio García. Pero intelectuales y dirigentes populares reivindican su largo recorrido como sociólogo y docente, frente al cual palidece su fugaz incursión en el monte. Más que un legado teórico, rehabilitan su innovación en método de ciencias sociales: la convivencia de conocimiento y comunión transformadora con la comunidad. Y deploran la desaparición del líder que, para amargura de las élites, llegó a movilizar multitudes bajo virtual enseña de la Teología de la Liberación.
USA: el desafío socialista
Un siglo tuvo que correr para que volviera a pronunciarse en Estados Unidos la palabra socialismo. Ayer, acicate de trabajadores que marchaban por miles en Denver y Nueva York contra las iniquidades del capitalismo fabril; hoy, bandera del candidato Bernie Sanders contra las villanías del capitalismo financiero que restableció la brutal desigualdad de aquel pasado. Adalid de la juventud, de las clases sojuzgadas y empobrecidas, el insospechado socialista, seductor en su desaliño, amenaza con ganar la presidencia en el país campeón de la justa anticomunista en el mundo y meca del capitalismo. Si predicara Sanders, como los de ayer, el derrocamiento de la burguesía y la dictadura del proletariado, movería a risa.
La destorcida en Suramérica
Lo que se derrumba en el subcontinente no es la opción socialdemocrática con que la izquierda replicó al neoliberalismo; es su envilecimiento en caudillismo y corrupción. A menudo también en ruindades autoritarias como la de truncar la libertad de prensa. Venezuela es caso aparte. Allí se desploma con estruendo una charada de comunismo hirsuto, apolillado, que destruyó el aparato productivo del país y degeneró en dictadura. Grosso modo, había vuelto la región por los fueros del modelo cepalino, con Estado social promotor del desarrollo. Se trataba de cerrar las heridas infligidas por las inclemencias de mercados sin control y de revivir la economía productiva, ahora en condiciones de globalización.
Cuentas pendientes del ELN
Hace treinta años, el 14 de noviembre de 1985, un comando del ELN asesinó en una calle de Barrancabermeja a Ricardo Lara Parada, cofundador, segundo al mando y disidente político de esa guerrilla. Dijeron haberlo ejecutado por traición. Pero su expediente judicial y testimonios como el del general Valencia Tovar, su archienemigo, probaron que a nadie delató cuando en 1973 cayó preso en manos del enemigo. A Lara lo mataron, como a otros dirigentes del ELN, por discrepar del militarismo que aislaba a esa guerrilla de las masas y la blindaba contra los desafíos de la realpolitik. Belicismo que, además, encubría la debilidad de un jefe por el poder absoluto, sólo dable allí sobre un grupo escurridizo en la selva.
¿Uribe muerde la derrota?
Mientras Colombia respira por fin en la antesala de la paz, Álvaro Uribe hace maromas para no morder el polvo de la derrota. Que perder las armas es abocarse a perder la partida. El sometimiento de las Farc a la justicia burguesa le hurta al uribismo su recurso al apocalipsis del castro-chavismo. Y el ingreso de esa guerrilla en la legalidad desvanecerá el pretexto que a la derecha le ha permitido aplastar a los inconformes y prevalecer sin competencia posible en el poder. Se acabaría aquello de que todo contradictor es enemigo mortal, candidato a desaparecer a bala o motosierra. Caducaría la pretensión de defender la democracia aguzando la vista, marica, para desentrañar el terrorismo que anida en toda idea de cambio; en toda reivindicación de derechos
Polo: ¿y la autocrítica?
¿Por qué sólo Clara López debe explicar si conocía o no el desfalco a Bogotá, mientras pasan de agache todos los líderes del Polo que defendieron en su hora, con conocimiento de causa, al alcalde ladrón? Es ella la candidata, cierto, blanco de rivales siempre hambrientos de papaya en campaña electoral; y representa a su partido. Pero los dirigentes de esta colectividad, que se dice ajena al caudillismo, deberían a su turno dar la cara. Reconocer su escandalosa blandura ante el saqueo que en una democracia menos precaria hubiera ocasionado levantamiento popular.
Camilo Torres o el sacrificio inútil
Murió de un tiro en el acto de recuperar el fusil del soldado caído, como era deber de todo guerrillero raso en el ELN: ganarse el arma en combate. Pero Camilo no era cualquier guerrillero raso. Era el líder creador del Frente Unido que hasta cuatro meses antes movilizaba multitudes con su palabra de cambio. La desaparición de este hombre, incorporado a la lucha armada por presión de esa guerrilla, es hecho fundacional del proceso que contribuyó como pocos a convertir a Colombia en meca continental de la derecha: la invasión simbólica del campo de la izquierda legal por la izquierda armada. Ésta le alienó a la primera el apoyo de la población.
«ALTERNATIVA» Y LA IZQUIERDA
Si en las circunstancias que hoy rodean a la izquierda colombiana renaciera Alternativa, larga vida le esperaría a esta revista. Publicación contestataria que nació hace 40 años para dar voz a la izquierda y al movimiento social, hizo historia porque rompió el monopolio bipartidista de la información y la opinión. Pero fracasó en el intento de coadyuvar a la unidad de la izquierda. Propósito imposible en aquella polvareda de grupos, a cuál más celoso de su religión estalinista, maoísta, trotskista, castrista, y de la identidad que les daba. Eran ellos destinatario reacio por definición a la originaria propuesta de izquierda independiente –minoritaria– de Alternativa. Valentía necesitó entonces, no sólo para sobrevivir a las celadas de la derecha, sino para preservar –con éxito limitado– su independencia frente a las avanzadas de izquierdas ávidas de tribuna exclusiva.
PETRO: ¿ILUMINADO O ANTIHÉROE?
Contrario al consejo de Maquiavelo, el alcalde Gustavo Petro no parece adaptar sus ideas a las circunstancias; más bien se inclina por doblegar la realidad a los imperativos de su temperamento. Confía más en la potencia movilizadora de una noción primaria que en la laboriosa construcción de los medios para darle a aquella cuerpo y consistencia. Que es político, se ha dicho, y no gerente. Sí. Pero político ajeno al arte de gobernar. En ello ven algunos la superioridad del hombre que no negocia principios, la del batallador comprometido con su destino. Otros lo asocian con el viejo caudillo de provincia latinoamericana. Les representa, con mucho, copia deslucida de Hugo Chávez.
«Lo que se derrumba en el subcontinente no es la opción socialdemocrática con que la izquierda replicó al neoliberalismo; es su envilecimiento en caudillismo y corrupción. A menudo también en ruindades autoritarias como la de truncar la libertad de prensa.»
Cristina de la Torre