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TEMAS / Columnas sobre PARTIDOS
JORGE E. ROBLEDO: PIFIA HISTÓRICA
Pueda ser que la historia no tenga que cobrarle un día a Jorge Enrique Robledo su ayuda por omisión a la extrema derecha que se propone frustrar la paz y volver al poder con todos sus fierros. Tras mucho forcejeo, el brillante senador consiguió que el Polo no respaldara al candidato de la paz y él invitó a la abstención o al voto en blanco. Es decir, al voto indirecto por Zuluaga. Todo, desde la engañosa defensa de una oposición inmaculada que no transige con ningún candidato de la derecha, llámese Santos o Zuluaga o Uribe, pues todos le parecen “hojas del mismo árbol”.
SANTOS Y PETRO JUEGAN CON CANDELA
En Venezuela, el chavismo encarcela al opositor; en Colombia la derecha se engavilla y lo arroja al pavimento. Leopoldo López allá, Gustavo Petro acá, desde orillas opuestas termina la arbitrariedad por abrevar en la misma charca. A la búsqueda incierta de votos uribistas, es Santos quien asesta el golpe de gracia, y desconceptúa la democracia. Por congraciarse con el conservadurismo de camándula o de gatillo fácil, reaviva el presidente el imaginario (y el procedimiento) del autócrata que prevalece por golpe de mano contra el disidente. Evocación natural en esta Colombia de curas y mafias y elites glotonas, donde a casi todo se responde blandiendo crucifijos o a tiros o rompiéndole al otro la cara, marica.
PASTRANA-URIBE: TENAZA CONTRA EL CAMBIO
No es apenas que la reelección de Santos aseguraría el fin del conflicto armado, una afrenta contra la derecha que lleva años rugiendo guerra. Es que el posconflicto forzará confrontación de propuestas, blanco sobre negro, para un país que desea mayoritariamente vivir en paz y equidad. En cristiano, significará transitar de la politiquería a la política. Otra afrenta contra élites acostumbradas desde la Colonia a negociar lo público en privado, a espaldas de la guacherna, tan lisonjeada para nutrir urnas, tan perseguida si ensaya voz propia. A la voz de paz y de reformas, por modestas que resultaran ellas, enciende esta derecha las alarmas y pacta sin escrúpulos de ética o de estética. Su símbolo del día, la insólita fotografía en que los dos expresidentes se regalan sonrisas jubilosos.
CANDIDATOS AL AGUA
Se sacude nuestra precaria democracia: el horizonte de paz y su agenda de discusión en La Habana, y la borrascosa búsqueda de lo público en el gobierno de Bogotá, empiezan a devolverle a la política la fuerza de ideologías que aterrizan como propuestas diferenciadas de partidos. Este destape de intereses encontrados ablanda el tic de la manguala que nos legó el Frente Nacional y presiona un reordenamiento de fuerzas no ya apenas en función de las elecciones que se avecinan sino en perspectiva estratégica. Enhorabuena.
El reformismo de Santos defraudó; pero este presidente podría dejar dos monumentos para la historia: la paz y la restitución de tierras. Tras la brecha que separa a Uribe de Santos palpita la disyuntiva entre guerra y paz; ésta obra también en los prosélitos de ambos bandos y en la izquierda democrática.
IZQUIERDA: CRISIS DE IDENTIDAD
Tras el sablazo del Polo, presentado como castigo a la doble militancia del PC -que se ha integrado a la Marcha Patriótica- yacería el temor de que ésta terminara por tomarse la dirección del partido e impusiera candidatos a elecciones, cuando no parecen claras sus relaciones con las Farc. Aprehensión que el propio Carlos Gaviria expresó a Semana.com (8,10). Y no andaría descaminado, si se sigue la columna de Luis Sandoval en El Espectador (8,11). Defiende este dirigente del Polo al PC, y agrega: “Hay que comprender las ambigüedades de la transición. Cuando todavía no está en firme la decisión de abandonar las armas, no puede estar totalmente claro cómo se hace política
LA DERECHA SE DESNUDA
“Frente Antiterrorista” tendremos mientras haya en Colombia una derecha golpista, enemiga de la paz, que reciba callada votos habidos en alianza con paramilitares; mientras repiquen guerrillas cuya criminal estupidez legitime la beligerancia de aquellas fuerzas retardatarias que se reeditan una y otra vez en nuestra historia. Ahora quieren éstas organizarse para la reconquista del poder, sonsacando gente de la derecha desarmada que hoy se acomoda en el Gobierno. Uribistas de corazón pero aferrados a sus puestos y contratos, muchos conservadores y miembros de la U vacilarán entre dos amos. Acaso la acción antiterrorista que tras diez años de batallar se formalizó en El Nogal consiga fracturar el unanimismo de patria boba que respira la Unidad Nacional.
EL LIBERTARIO
En la democracia parapléjica que nos tocó en suerte, curtida en la tradición de silenciar a gritos –o a bala- la sana crítica y el libre examen, brilla El Espectador por no haber hincado la rodilla. Punto de honor para un periódico que aventuró todos los riesgos y padeció todos los golpes de un Estado confesional irreductible, violento, apenas amansado a ratos desde los tiempos de la Regeneración. Ha gobernado en él la jerarquía católica a baculazo limpio y de consuno con el poder civil. En tiempos de la hegemonía conservadora, por interpuestos Presidentes que el Cardenal Primado, Perdomo, escogía de antemano del ramillete de candidatos que la jerarquía conservadora le ofrecía. Como el periódico encarnara la oposición política, sería un político purpurado, Monseñor Builes, quien sentenciara después a grandes voces que leerlo era pecado mortal. A poco se preguntaría éste, desde el púlpito también, en misas de domingo, si matar liberales sería pecado mortal o venial. No ha mucho, los sicarios de Pablo Escobar segaron la vida de don Guillermo Cano.
LA “PARTIDOCRACIA” EN APUROS
Tan resonante el triunfo de Petro en Bogotá, como desigual la cosecha para el uribismo. Perdió el expresidente gobernaciones y alcaldías importantes, y fue derrotado con estruendo en la capital de la república y en el santuario mismo de su imperio: Antioquia y Medellín. Mas esta mengua parece amortiguada con la victoria de sus prosélitos en un tercio de los municipios, pequeños pero rebosantes de regalías. Beneficiarios privilegiados de la desintegración de los partidos en una turbamulta de candidatos incompetentes, a resultas de dos décadas de campaña contra la “partidocracia”: su divisa fue madurar la democracia destruyendo los partido
DE VIDA O MUERTE
Si, así serán las elecciones del domingo. No sólo porque a la fecha la campaña acumula 43 candidatos asesinados, como en los peores tiempos de esta guerra. Es también porque ellas plantean una disyuntiva crucial: o se arroja un salvavidas a nuestra maltrecha democracia, o se consolida en provincia la toma del Estado por las mafias armadas y sus amigos, el notablato político y empresarial. Y en Bogotá, o se reelige al brazo político de los carteles de la contratación –17 concejales de todos los partidos llamados a indagación preliminar por presunta participación en ellos- o bien, se eligen figuras nuevas, representantes genuinos de la ciudadanía y capaces de controlar al poder. En provincia, la insurgencia social que se impuso a bala y en los últimos ocho años se atornilló en los despachos oficiales, se la juega toda por preservar sus conquistas y ensancharlas.
¿SE DISOLVERÁ LA U?
En el crudo enfrentamiento entre Uribe y Santos, al parecer éste ha lanzado una carga de profundidad: precipitar la disolución de la U, baluarte político del expresidente. A instancias de Rafael Pardo, jefe del partido que lleva la voz cantante en el Gobierno, una consulta popular el 30 de octubre consolidaría la unificación liberal en marcha. Por sustracción de materia, regresaría la U a su casa de origen, el Partido Liberal. No parece imposible, pues 25 de sus 28 senadores son liberales. Pero sobre todo, como suele suceder con organizaciones de circunstancia, hoy la U se inclina más a congraciarse con el príncipe en funciones que a defender el legado de un mandato arbitrario y corrompido como ninguno otro en un siglo. Y no será por razones morales, claro, sino en obediencia a la pragmática política.
Cristina de la Torre