TEMAS / Columnas sobre PERSONAJES
DE KENNEDY A OBAMA
No salió con nada. Se esperaba que su discurso en Chile replicara la envergadura del que pronunciara Kennedy en 1961 al lanzar la Alianza para el Progreso, en perspectiva de cooperación igualitaria con América Latina. Obama se limitó a los cumplidos de rigor y a repetir que apoyaría el TLC con Colombia y Panamá. Precisamente la antípoda de la divisa socialdemocrática de aquella Alianza que propugnaba la industrialización del subcontinente y no la desindustrialización que el libre mercado entre dispares traería. Daño que los tratados “igualitarios” de comercio entre sardinas y tiburones consumarán. Lejos de consagrar el libre mercado, estos tratados legitiman sus defectos; desnaturalizan el modelo ideal de libre cambio, pues en su tremenda asimetría sólo favorecen al más fuerte. Otra cosa había planteado Kennedy: que el comercio internacional dejara de ser un medio para avasallar el desarrollo del aliado y, en cambio, lo impulsara.
VERDES: ¿TODO VALE?
Muchos le endilgan ahora al pobre Uribe el maquiavélico propósito de dividir a los Verdes, sólo porque aquel respaldó la candidatura de Peñalosa a la alcaldía de Bogotá. Pero, en rigor, el ex presidente se ha limitado a hacer política. Política a la manera como se...
BANQUEROS AL BANQUILLO
Me pusieron apodos los banqueros –dijo el ministro Echeverry con su cara de niño travieso- y creo que hasta me declararon persona no grata. No era para menos. Hacía muchos años ningún miembro del alto gobierno se atrevía a calificar de abusivo al todopoderoso gremio financiero. Menos aún sobre el recuerdo, todavía fresco, de un Uribe que tomaba decisiones de Estado al pie de la letra dictada por Luís Carlos Sarmiento. Ante los precios excesivos de servicios al usuario, el ministro anunció regulación del gobierno: “si hay abuso de posición dominante, si no hay competencia, tendrá que intervenir”. La decisión quedó incorporada a la reforma tributaria. Quién dijo miedo. Los banqueros pusieron el grito en el cielo.
PELANDO EL COBRE
Peñalosa no tiene la culpa de ser uribista. El nunca lo ocultó. El problema es de Mockus, que resolvió andar en malas compañías, para venir a arrepentirse de ello a la hora de nona. Hoy simula sorpresa porque su aliado se deja cortejar de Uribe, ese dechado de virtudes morales, de tersura, de honradez. Salta a la palestra sugiriendo que se postula a la Alcaldía de Bogotá, no por ambición, sino para salvar a su partido de la contaminación uribista. Pero su matrimonio con Peñalosa se consumó en la comunión de un modelo que genera pobreza y desigualdad. El mismo de Uribe, cuyas políticas Mockus nunca se propuso cambiar: en plena campaña electoral ratificó su apoyo a instrumentos creados por el mandatario antioqueño, como la ley 100, que convirtió en negocio la salud; o la ley de flexibilización laboral, con su aporte descomunal al desempleo, la inequidad y la miseria.
Carlos Vicente de Roux: AVE RARA DE LA POLÍTICA
Lejos de las sectas de izquierda, de la guerrilla y de los partidos tradicionales, se dice parte de quienes “fuimos exilados en nuestra propia tierra” por la dura tenaza de las extremas. Hoy exaltado como segundo mejor concejal de Bogotá y miembro de la comisión que denunció la corrupción de su Gobierno, en Carlos Vicente de Roux brilla un hálito de rectitud que le ha hecho fama, y podría encumbrarlo a la alcaldía de la capital. A diferencia de Petro, él permanece en el Polo, según dice, para dar la batalla por una apertura de su partido hacia otros demócratas y por derrotar la venalidad que rodea a la Administración del Distrito.
BRASIL, LA ESTRELLA
Mientras en Colombia el latifundismo pensaría reactivar su guerra centenaria contra el reformismo liberal que Santos ha desempolvado, en Brasil, puntal del orden que se abre paso en América Latina, la disputa discurre entre propuestas de industrialización y desarrollo para apurar el salto de ese país a quinta potencia del mundo. Si aquí un liberalismo avanzado nos resulta panacea, en Brasil el conservadurismo ultramontano es hoy apenas eco del pasado. Más aun, los cariocas desbordaron hace rato la anacrónica disputa entre capitalismo y comunismo, para actualizar la versión criolla del Estado de bienestar europeo. Modernizando el modelo de la CEPAL que Brasil supo preservar, armonizaron crecimiento con redistribución e integración a la economía mundial. Dilma Rousseff, cerebro económico del Gobierno de Lula, limó el acoplamiento entre Estado y mercado, a menudo gestado en el muñequeo con empresarios y trabajadores cuando de negociar políticas económicas se trataba.
EL POLO: ¿SECTA O COALICIÓN?
Si el Partido Verde está biche, pasmado, al Polo quieren madurarlo biche: declararlo partido, cuando alcanza a ser apenas coalición de tendencias. Y por no reconocerlo se ve a cada paso en trance de desaparecer, bombardeado por alguna de sus fuerzas que pretende imponerles su propia divisa a las demás, en la ficción de una homogeneidad imposible. Exótico lunar en el concierto continental de la nueva izquierda. El último incidente lo dice todo: Gustavo Petro, brillante candidato de la pasada campaña electoral, se declara vocero de la “Corriente Democrática” del Polo y, a despecho de sus malquerientes, anuncia que permanecerá en él. Al punto, eco de sectas que quisieran hacer prevalecer su izquierdismo puro y duro, Carlos Gaviria insta a Petro a crear un nuevo partido, si tiene incompatibilidades con el Polo.
LA DEMOCRACIA EN APRIETOS
Ilusiones. El abanico de ideas y programas que en la pasada campaña se insinuó como embrión de pluripartidismo fue flor de un día. Pronto se rindió al abrazo de una hegemonía ancestral: Frente Nacional se llamó primero, unanimismo uribista después, y hoy se rebautiza como gobierno de unidad nacional. En el campo de la oposición, se creyó que los Verdes suplirían la ausencia del liberalismo que, oveja descarriada durante ocho años, regresaba al redil. Otra flor sin retoño: ya está claro que los Verdes no querrán ser oposición, como lo han repetido sus dirigentes. Tampoco podrán serlo, pues no se ofrecerán como alternativa de gobierno. Identificados con el diseño de la economía y de la política social que rige y regirá con Santos, sus propuestas no parecen alterar las condiciones que generan tanta pobreza, tantas desigualdades en este país. La insubordinación clamorosa de millones de colombianos contra el todo-vale que Mockus encarnó amenaza también con diluirse entre iniciativas del nuevo gobierno que se disputarán la bandera de la anticorrupción.
EL MORALISMO COMO POLITICA
Hay en esta Ola excluyente quienes ignoran que los propios sufragantes del uribismo son las primeras víctimas del gran Dador que les dispensa migajas del presupuesto oficial, como larguezas suyas y no como derechos. Pero el mayor enemigo de la Ola Verde es ese hálito de indignación moralizante que los más vociferantes entre ellos despliegan. Y el ingrediente religioso, ¡ay! Si al moralismo elevado a la categoría de política se agrega la sacralización de la ley y de los recursos públicos, ya podríamos ver a la promotora de la cadena perpetua contra abusadores de niños vestida de cartuja lapidando adúlteras al lado del Procurador que no despacha con los códigos sino con la Biblia.
EL PROFETA LIGHT
Por lo pronto, es de temer que Mockus se corone, no ya como Mesías populista sino como el Mesías posmoderno que estira nuestra democracia refrendaria hasta cuando mi Dios agache el dedo sobre mayorías alebrestadas contra la oposición. “Antipolítico” de la hora que acumula larga brega por el poder, mucho en Mockus parece responder a juego preconcebido para impresionar a la muchchada, más susceptible a símbolos e imágenes que a programas. Con un aire Light de intrascendencia y la fuerza emotiva de sus vacilaciones, aspira a capitalizar para sí la servidumbre voluntaria que la misma masa de facebook le había prodigado a Uribe. Masa tan amorfa como las montoneras electorales de los partidos de antaño. Cardumen irreflexivo que se presume voto calificado, sólo la anima la fe. Ayer vibró contra todo opositor que al Mesías se le antojó terrorista, hoy aplastará a quien discrepe de Mockus, por corrupto.
«Que es político, se ha dicho, y no gerente. Sí. Pero político ajeno al arte de gobernar. En ello ven algunos la superioridad del hombre que no negocia principios, la del batallador comprometido con su destino.»
Cristina de la Torre