MODELO ECONÓMICO EN COLOMBIA
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TEMAS / Columnas sobre MODELO ECONÓMICO EN COLOMBIA

INDIOS, DROGA Y PAZ

No es utopía. Ni es rumor. En primicia de El Espectador (7-29), Maria del Rosario Arrázola revela pasos que el Gobierno da en silencio para aproximar la paz con las guerrillas. No hay agenda todavía, dice, pero sí avances concretos y una perspectiva definida para conversar, negociar y buscar salidas políticas al conflicto. A la liberación de sus últimos militares plagiados y la promesa de las Farc de cesar el secuestro político le siguió el Marco Legal para la Paz, que introduciría normas de justicia transicional en un eventual proceso de paz. Ahora se habría iniciado otra fase en cabeza de Sergio Jaramillo, alto consejero del Gobierno, y el ministro de Ambiente, Frank Pearl. Apuntan ellos a la reconciliación.

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ECONOMÍA, EL OTRO DESCALABRO

Tras dos años de sembrar más ilusiones que certezas, el presidente Santos pela cobres que el país resiente como puñaladas. No contento con prohijar el engendro de reforma a la justicia, porfía en un modelo económico ruinoso, ahora agravado por el virus de la enfermedad holandesa. Permite el ingreso masivo de dólares, la consecuente revaluación del peso –sin par en América Latina- y su efecto devastador sobre la producción nacional: sobreabundancia de importaciones efectuadas con el exceso de divisas baratas y desfallecimiento de las exportaciones, es decir, de la fuente de empleo productivo. Nuestra floricultura ha perdido 30 mil puestos de trabajo. Pero en la Cumbre de los G20 en México se preció Santos de que en Colombia rija “una política macroeconómica que está siendo exaltada en el mundo entero”. Pues será allende la patria, porque aquí, su ministro de Hacienda y el director del Banco de la República no consiguieron demostrar tal maravilla en debate en el Senado el pasado 12 de junio. Todo tecnicismo, verbosidad de horas y horas, no pronunciaron una sola vez el vocablo empleo.

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EL TLC, PLANTA CARNÍVORA

Así quedó diseñado: para apretar hasta asfixiar. El deshonroso tratado que hoy despega no se contentará con alienarle a Colombia toda posibilidad de industrialización en el futuro. No se contentará con sepultar sectores enteros de la producción en el campo y empobrecer aún más a los dos tercios del campesinado que ya padecen hambre. Alargará su brazo peludo hacia el nicho de riqueza que nos queda, envidia del mundo entero: nuestra diversidad biológica, que es base de la biotecnología y su campo infinito de aplicaciones industriales, ambientales, médicas y agropecuarias. El valor de este mercado bordeó en 2005 los 800 mil millones de dólares. Las últimas décadas registran avances insospechados en esta tecnología de punta y una carrera loca de las potencias industriales por hacerse con sus fuentes nativas, especialmente en la Amazonia.

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SANTOS: ÁNGEL Y DEMONIO

Unas de cal y otras de arena. Tras cinco Cumbres anodinas, el presidente Santos sorprende al mundo al encarar la política antidrogas de Estados Unidos y su intransigencia frente a Cuba. Pero a la vez corteja al ultraconservador modelo neoliberal. Tenemos que ver –dijo- si lo que hacemos está bien o si hay alternativas más eficaces (que la guerra militar contra las drogas). Por otra parte, señaló que el embargo contra Cuba es “un anacronismo de la Guerra Fría”, y que otra cumbre de las Américas sin la isla será inaceptable. Anatema. Dos cargas de profundidad que contrastan con la predilección del Presidente por el modelo económico acunado en Washington en 1989, evidente en su empeño por asegurar allí mismo el despegue del TLC: un tratado de adhesión a la potencia del Norte que frustra nuestra industrialización y nos ancla en una economía primaria.

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MEDICAMENTOS: EL DESEENFRENO

Entonces dieron la cara. No bien anunció el Gobierno la intención de combatir el monopolio de medicamentos biotecnológicos que un puñado de multinacionales usufrutúa, desenvainaron ellas todos sus fierros contra el decreto en ciernes. No es para menos, se juega una billonada. Es que el hueco que quebró el sistema de salud asciende a 14 billones –según Sergio Isaza, presidente de la FMC (Federación Médica Colombiana)-, y en él cabaron a fondo estas farmacéuticas. Al amparo de la libertad de precios que el entonces Ministro Palacios autorizó y en la alegre complicidad de las EPS, que le cobran al Fosyga sobre precios estipulados por aquellas firmas. Precios elevados hasta en un 3.204 por ciento, caso del Interferón B1-B; o del Rituximab, que en Colombia vale 3.500 dólares y, en Inglaterra, 278. El año pasado, el 70% de los 1.8 billones recobrados al Fosyga respondió a tales medicamentos.

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PROSPERIDAD, ¿PARA POCOS?

A la voz de reforma tributaria, rozando propuestas de Luis Carlos Villegas, vocero de la ANDI, el presidente Santos se pronuncia en favor de ampliar la base tributaria y reducir el impuesto de renta (El Espectador, 1-22). Vale decir: extender este tributo a nuevos contingentes del trabajo entre las clases media y baja y favorecer –más aun, si cabe- a los ricos. Idea regresiva que riñe con los principios de justicia y equidad propios de la política fiscal en democracias modernas. Y perpetuaría a Colombia sin remedio como el país más desigual de América Latina después de Haití. La tal idea es huevito cacareado aquí desde tiempos inmemoriales, calentado en el pasado gobierno que abrumó de exenciones a los millonarios, y que Santos empollaría ahora (¡Dios no lo quiera!) para júbilo de los más pudientes.

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INDUSTRIALIZACIÓN, UN ESPEJISMO

Sin apoyo a la industria, la apertura económica no podía resolverse a favor de las exportaciones –de nuestra producción nacional- sino de las importaciones –de mercaderías extranjeras-. La balanza comercial registra hoy un déficit que equivale al 5% de PIB, el más elevado de América Latina y uno de los mayores del mundo. En el nuevo modelo, los grandes conglomerados abandonaron la producción de bienes exportables, se dedicaron a importar, a los bienes raíces o a la banca. La experiencia de Cauchosol se extendió como pólvora: esta empresa de calzado cerró, pues prefirió importar botas del Brasil. Cientos de familias quedaron en la calle. Carlos Arturo Zuluaga, presidente de Asesco, declara sin rodeos que, por desgracia, con el TLC “la solución óptima pasa por convertirse en importador” (El Espectador, 13-6-11).

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TLC, UN PACTO DE ADHESION

Con la aprobación del TLC, el frente político del neoliberalismo que se hace llamar “los economistas” parece llegado al paroxismo de la euforia. Mientras indignados protestan en 82 países contra el desempleo que multinacionales y banqueros generan al amparo de aquel modelo, aquí sus pontífices se congratulan de que se instaure en pleno el lesefer y la apertura económica no tenga ya límites. El Ministro del ramo declara que el libre comercio con Estados Unidos “nos ayudará a consolidar el aparto productivo nacional y a traer inversión para el país, lo que derivará en más empleo y prosperidad”. Aseveración contraevidente, pues ignora la experiencia de estos 20 años de apertura, antesala de lo que vendrá: la economía registró el menor crecimiento del siglo, el desempleo las cotas más altas, y la distribución del ingreso, un severo retroceso.

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LO QUE VA DE COREA A COLOMBIA

Aflige la comparación. Tras el aplauso al buen éxito del Presidente Santos en Corea se agazapan diferencias colosales entre dos países que hace 50 años compartían el mismo estadio de subdesarrollo y hoy se sitúan en los extremos opuestos del desarrollo: mientras una dirigencia voraz y sin patria mantiene a Colombia detenida en el atraso y la desigualdad, Corea se codea con los países que les compiten a las multinacionales gringas y europeas. Aquí abandonamos en el huevo la industrialización y la rematamos con el Consenso de Washington; allá se porfió en ella, a la manera de las grandes potencias: con proteccionismo, apoyo del Estado y despliegue exportador de sus manufacturas.

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RÉPLICA A KALMANOVITZ

“Los colombianos se entregan con pasión a cuantificar el negocio de la droga, pero pasan por alto el problema mayor: la corrupción que éste propaga”. Eso dijo Alain Labrousse, Director del Observatorio Geopolítico Mundial de la Droga, sede París. En su columna del 5 de septiembre, Salomón Kalmanovitz ignora el núcleo de mi columna del 30 de agosto que apunta al narcotráfico como causa de los estándares que hoy alcanza la corrupción en Colombia. Y se detiene en un dato incidental según el cual en 1998 nuestras exportaciones de drogas ilícitas superaron las legales. Exagerado le pareció. Pues bien, si de medir exportaciones ilegales se trata, repitamos el ejercicio.

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«Sin violentar el capitalismo, como izquierda remozada en ejercicio de gobierno, apunta la ministra de Trabajo a la pepa del cambio que la reconstrucción del país apareja: el empleo, motor del desarrollo.»
Cristina de la Torre
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