TEMAS / Columnas sobre CONFLICTO ARMADO

SANTOS POLIFACÉTICO

Tras bambalinas, sin ruido, va levantando Santos el andamiaje jurídico, institucional y político de la obra que lo consagraría en la historia: la paz. Contra viento y marea, ha dicho. Pero a cualquier precio. Se propone ganarle adeptos y neutralizarle enemigos, acá y allá, alternando sin escrúpulos políticas de todos los colores. Así, se la juega en el marco para la paz –redención de guerrilleros y militares que delinquieron en la guerra, y despedida al militarismo de la seguridad democrática. Desafía a la mano negra con una Ley de Víctimas que reconoce el conflicto armado, repara a los ofendidos y, en elocuente remembranza de la bandera agraria de las Farc, restituye tierras. Sin embargo, orquesta una reforma a la justicia que es sórdida componenda de poderes para comprar la benevolencia de magistrados y parlamentarios en vista de un eventual proceso de paz. En este gobierno o en el siguiente, que lo será de Santos también.

leer más

PAZ: NEGOCIAR A DOS BANDAS

Si Santos aspira a consagrarse como artífice de la paz, tendrá que negociar sus términos primero con Álvaro Uribe y, luego, con las Farc: con la ultraderecha desarmada, y con la ultraizquierda armada. Las bacrim se plegarán por añadidura. Si bien por razones contrarias, aquellos protagonistas del conflicto se hermanan en su predilección por las armas, en su renuencia hacia la paz. Así, cualquier acuerdo con la guerrilla quedaría trunco si no lo respetara la derecha. Prueba al canto, aunque a la inversa: la paz que la Constitución del 91 quiso encarnar no floreció porque las Farc no se reinsertaron como el M19. Hoy, la situación no pinta mejor. El ruidoso aprovechamiento del atentado contra Fernando Londoño por Uribe y su séquito de propagandistas desnudó la nuez que se interpone entre expresidente y presidente: éste quiere la paz; aquel, preservar su vigencia en política promoviendo la guerra.

leer más

LA TERCERA GUERRA DE LAS FARC

Mientras no cese la batalla mundial contra las drogas, epílogo de la Guerra Fría; y mientras no renuncien las Farc al narcotráfico, esta guerrilla podría seguir viva indefinidamente. Como ejército o como eclosión de bandas criminales. Que la restitución de tierras abriría senderos de paz porque apunta al corazón del conflicto, no se discute. Pero quedaría suelta la otra rueda de nuestra perdición: el narcotráfico. Negocio que absorbió a las Farc y las trocó de rebeldes con causa en organización plagada de malhechores. Por contera, la perversidad incalificable del secuestro. En las tres fases bélicas que marcan la historia de esta guerrilla (la violencia liberal-conservadora, la guerra contrainsurgente y la del narcotráfico) esta última trastorna su natural político. Y deposita en la contraparte el desafío de conjurarla apostando a la despenalización de la droga.

leer más

LA IZQUIERDA SE LA JUEGA

En esta Colombia conservadora y violenta, la elección popular de un exguerrillero como alcalde de la capital conmueve los cimientos de su tradición política. La Mano Negra y la Mano Roja parecen cerrarse en puño de hierro para golpear, una, al intruso; la otra, al hereje. Y es que Gustavo Petro encarna una fuerza que por vez primera gobernará a Bogotá con demócratas de izquierda decididos a operar el tránsito hacia otra idea de ciudad. No con Anapo ni con la U. Ni con carteles de ladrones que pasan por contratistas. Dos trazos gruesos empiezan a dibujar el perfil de su movimiento Progresistas. Primero, una vocación de paz que sepulta para siempre toda veleidad con la táctica comunista de la combinación de formas de lucha. Segundo, el rescate de la Constitución del 91 que Petro ha erigido en plataforma ideológica suya.

leer más

EL LARGO SUICIDIO DEL POLO

No es Petro quien quiere matar al Polo. En su trasegar suicida, el destape de la corrupción en el Gobierno de Bogotá parece anunciar el último resuello de la oposición. La izquierda democrática terminaría sacrificada en el altar de la retardataria y corrompida Anapo y su ayuda de cámara, el Moir. Este aire enrarecido que invade la ciudad es apenas epílogo de una prolongada autoflagelación del Polo como alternativa de oposición recta y verosímil. Desde el parto comenzó el suicidio. No bien nació, se creyó partido, siendo sólo coalición de fuerzas distintas. Pero esta camisa de fuerza ignoró además abismos insalvables entre el turbio legado del rojaspinillismo y la izquierda moderna. Un matrimonio que nunca debió ser, pues ninguna afinidad los acercaba.

leer más

¿RENACE “METRALLO”?

Con el desplazamiento de la guerra del narcotráfico del campo a la ciudad, se abrió un nuevo capítulo de violencia urbana. En el último año se duplicaron los homicidios en Medellín. Si en 2008 fueron 1066, a diciembre de 2009 se proyectaban a 2000. No obstante la prohibición del porte de armas y el aumento del pie de fuerza pública. Las modestas bandas de barrio evolucionaron a ejércitos con armamento pesado, fusiles y subametralladoras. Y, peor aún, no recuperó el Estado el monopolio sobre el uso de la fuerza ni su exclusividad como dispensador de la seguridad ciudadana. Otros lo suplantaron y hoy se alternan el poder en zonas enteras de la ciudad. Paz y guerra se suceden, conforme reine algún jefe de la mafia o venga otro a disputársela.

leer más

LEÑA A LA HOGUERA

“Tienen una semana para desaparecer o los desaparecemos”, rezaba panfleto de las AUC contra 30 líderes estudiantiles de la Universidad de Antioquia. Otro le hacía la segunda: “Somos un grupo de infiltrados (de las Águilas Negras) en la Universidad. Tenemos plenamente identificados a los tropeleros que quieren imponer un discurso comunista en Colombia”. Entre 2006 y 2008 hubo en la Nacional 312 amenazas de muerte del mismo grupo armado contra alumnos y profesores, y otras tantas en las universidades de Magdalena, Atlántico y Córdoba, esta última bastión de Salvatore Mancuso. (Tomado de El Espectador, 27-I-10) Cara política del paramilitarismo en las ciudades, alcanzará cotas de horror con la transformación de estudiantes en informantes a sueldo de un gobierno que –acaso deliberadamente- confunde los escenarios: no se neutraliza en los centros de estudio la violencia entre carteles que tiene lugar en las comunas de Medellín.

leer más

AUGUSTO IBAÑEZ: ¿EL ULTIMO BASTION DE LA DEMOCRACIA?

Tras la exaltación del Presidente Uribe se entrevé un acumulado de abusos y delitos de sus funcionarios que interpelan ya a las cortes internacionales: cohecho de una vía, que manda a la cárcel a Yidis Medina y exonera a los ministros del caso; más de un tercio de los parlamentarios, casi todos afectos al Gobierno, implicado en delitos de lesa humanidad; transformación del DAS en policía política y aparato de persecución contra la Corte; falsos positivos que pasan de dos mil y espectáculos de corrupción oficial como el de AIS, sumen al país en la peor de sus crisis, y demandarían el ejercicio pleno y autónomo de la justicia. He aquí, se dice, el mar de fondo de una cruzada de tres años contra la Corte, reducto final del Estado de derecho que no ha sucumbido al abrazo de Alvaro Uribe.

leer más

FUERZAS ARMADAS: CONTRICIÓN A MEDIAS

“Se amarraba al campesino, se le vestía de camuflado y le disparábamos de lejos, porque si era a quemarropa venía la investigación”. Así parecía haber muerto en combate, relata el exparamilitar Pantera en El Espectador (IV, 24). Siendo infante de Marina, terminó cooptado por don Mario y sirviendo a dos señores. De los 30 falsos positivos en que participó, 2 fueron pastores protestantes tras una escaramuza con el ELN en El Carmen . –“Mínimo son guerrilleros y se pusieron de civil- me dijo el teniente Rivera. Hagámosles la vuelta”. Entonces Pantera los mató y luego les vistió el uniforme militar. Cuenta que por instrucciones del General Quiñónez y del Coronel Diazgranados, en compañía de 25 hombres del Batallón de Contraguerrilla 33, y al mando del jefe paramilitar Cadena, participó en la masacre de El Salado en 1999. Y que eran hombres de la Primera Brigada de ese cuerpo quienes confeccionaban las listas de los condenados que Cadena eliminaba después.

leer más

URIBE Y CANO EN SU LEY

Como Cano, también Uribe sabe que el triunfo militar no es dable para ninguna de las partes. Cano juega con la guerra para restablecer el orden y la moral en sus tropas; y con audacias políticas como la de liberar secuestrados cuando más de un candidato agita ya banderas blancas. Uribe, por su parte, no puede sino encarnar la mano dura y el corazón de piedra que le dieron fama y poder y lo atornillan en la silla de Bolívar mientras dure la guerra; es decir, hasta cuando mi Dios agache el dedo. Es su manera de cohesionar al uribismo y cuidar su popularidad.

leer más
«…el más reciente factor de violencia instalado en el Estado mismo para completar desde allí, de consuno con empresarios y políticos, el centenario proceso de concentración de la tierra que es causa mayor de la guerra en Colombia.»
Cristina de la Torre
Otras columnas:

Categorías