TEMAS / Columnas sobre EDUCACIÓN
Ciencia y universidad pública, en harapos
Es un insulto. Mientras las 32 universidades públicas se declaran al borde del colapso por falta de recursos, este Gobierno estudia partida adicional de $3.4 billones en Defensa. Para que Pachito y el ministro Botero se diviertan jugando a soldaditos de plomo con Venezuela. Y con avioncitos F-16 que acaso le compremos a Trump –ferviente animador del negocio de la guerra- según decires a los que en brillante columna alude Maria Isabel Rueda. El déficit para funcionamiento en las universidades públicas asciende a cifra parecida, y el de infraestructura, a $15 billones. En ciencia, tecnología e innovación, aliadas naturales de la formación superior, Colombia invierte mísero 0.4% del PIB. Hoy cobra vigencia renovada la obsesión de Rodolfo Llinás: el futuro dependerá de nuestra capacidad para organizar la educación; la hija de la educación, la ciencia; y la hija de la ciencia, la tecnología.
¿Volverá la horrible noche?
He aquí los hilos de la constituyente uribista que Duque lanzaría, no tanto por blandura como por convicción. Chavismo puro y duro. Como lo prueban sus debates de ocho años en el Congreso. Ni Duque es “el James de la política” –despropósito de su jefe de campaña–, ni es Uribe el Cid Campeador de todos los colombianos en todos los tiempos. Media Colombia acaba de apartarse en las urnas de quien encarna, más bien, al procaz perdonavidas, seductor de reprimidos por las hipocresías eclesiales: las religiosas y las políticas. Se ha rebelado ya contra la horrible noche que se le ofrece.
Una señora rectora
Cero afectación, cero humos, sabedora de que la excelencia es hija del esfuerzo sostenido venciendo obstáculos, no necesita Dolly Montoya el espectáculo de la vanidad. No la nombraron a ella rectora por ser mujer. La escogieron por su elevada formación académica; por sus ejecutorias; por porfiar en ampliarle al país horizontes de desarrollo, mediante aplicación de la biotecnología a la industria, en un país cuya biodiversidad el mundo envidia. Es magíster en ciencias biomédicas en la UNAM de México, y doctora en ciencias naturales con mención magna cum laude de la universidad de Múnich. Fundó el Instituto de Biotecnología que la universidad presenta complacida, y una maestría interdisciplinaria para alimentarlo. Pero sus méritos son también –dice ella– mérito de los hombres y mujeres con quienes ha formado siempre equipo.
Erotismo, hipocresía y violencia
Cientos de compadres y fanáticos protestaban energúmenos frente a la cárcel donde el cantante vallenato Diomedes Díaz purgaba pena. Argüían afrenta de la justicia contra el ídolo –protegido del paramilitarismo- que en 1997 había violado y asesinado a su novia, Doris Adriana Niño. Ahora, los parlamentarios Alfredo Ape Cuello Baute y Eduardo Crissien radican proyecto de ley que exalta a Diomedes como ícono de la cultura nacional. Contrasentido moral de buen recibo en sectores amplios de la sociedad, desde cuando los sicarios de Pablo Escobar se encomendaban a María Auxiliadora para no fallar el tiro contra su víctima venidera. En otra dimensión de la doble moral, vemos todos los días repetirse el espectáculo de personajes que pontifican contra las libertades individuales y la intimidad de los demás, mientras se permiten licencias que lindan a menudo con tolerancia del delito.
La historia sitiada
Sorprende la credulidad de colombianos permeados por el cuento de que un expresidente amasado en la politiquería podía emular al mismísimo Simón Bolívar. Y la descabellada fantasía de insurgentes non-sanctos que se pretendieron voceros del pueblo. Pecados contra un sentido de realidad que podrá atribuirse al desprecio por la historia, por los referentes que ella ofrece para justipreciar el verdadero calado y sentido de los hechos de hoy. Desdén hacia nuestra historia, tan ocultada, deformada y agredida allí donde ella pide pista. Si en educación, se suprime la cátedra de historia en los colegios. Si en escenarios de memoria histórica, símbolos de identidad nacional, se trabaja por destruirlos en nombre del “progreso”. Como la autopista de doble calzada que cruzará el corazón mismo del campo de Boyacá, donde venció el Libertador a las tropas españolas, para dar paso a la formación de cinco repúblicas independientes. Grosero atropello del concesionario Solarte y Solarte, con aval del ministerio de Cultura.
EDUCACIÓN: SABER Y SABER HACER
Claro que la educación ha de revertir en el desarrollo económico del país. Mas no debería ser esta la meta única sino un derivado de su propósito supremo: la formación integral de la persona para que se sienta satisfecha de sí misma, potencie su libertad, sea capaz de criticar la vida, entienda el mundo y lo transforme. Contra ello conspira, por desgracia, la esterilidad de nuestra educación, desde la cuna hasta la universidad. Y la maniática disociación entre ciencias y humanidades, que repudia el diálogo entre arte, matemática, historia, física, literatura, ingeniería. De donde no puede resultar sino un pensamiento constreñido a especialidades cada vez más encerradas en sí mismas. Un pensamiento recortado y sin contexto.
PETRO DESCAMINADO
En su afán por malograr toda idea buena de ciudad, cree Petro eliminar el apartheid social de Bogotá sembrando enclaves de desplazados en el odiado norte. Sin precaver soluciones de empleo, transporte, educación y espacios de convivencia que aterricen el derecho a la ciudad en medios tangibles de integración social, el alcalde aborta ese anhelo en propuesta tan onerosa para los beneficiarios como para las finanzas de la capital. Por el valor de los terrenos, bien pudieran quintuplicarse esas viviendas en el centro ampliado de la ciudad, con todos los recursos a la mano. Que son la garantía de equidad. Pero no. La Alcaldía obra como si todo se cifrara en el ladrillo. Y, no contenta con ello, en el frente educativo se dispone a cortarle la financiación al Instituto Cerros del Sur, Ciudad Bolívar, un modelo de educación integral que tiende lazos hacia la comunidad y desarrolla en los alumnos sentido de pertenencia a su territorio.
ALÍ BABÁ Y LAS 40 UNIVERSIDADES
Pueda ser que le caiga la justicia a Mariano Alvear, dueño del sórdido negocio llamado Universidad San Martín; ya que, para solaz del ministerio de Salud, aquella hizo la vista gorda con Palacino, el escurridizo presidente de la EPS Saludcoop. Pues uno y otro se llenaron los bolsillos con dineros de la educación y la salud, pilares del servicio público sacrificados a la avaricia que navega sobre la más grosera mercantilización de los derechos fundamentales. La Contraloría probó que Saludcoop se apropió billones arrancados a fondos públicos del sistema de salud para invertirlos en negocios privados de sus dueños; pero el sector sigue bajo la enseña del paseo de la muerte.
MIEDO A LA DIVERSIDAD
El suicidio de Sergio Urrego, inducido por la atmósfera recurrente de dogmatismo que nos asfixia –esta vez desde hace 12 años- evidencia la accidentada construcción en Colombia del Estado laico y democrático: de aquel regido por la ley civil y atento a los derechos de las minorías. Un paso adelante, dos atrás, la legislación que protege a la población LGBTI se vio burlada por la arbitrariedad. No cede la beligerancia de jerarcas de la política y las iglesias que traducen su credo en discriminación y violencia moral contra la diversidad. Fuerzas rancias ceñidas a una idea fija y refractarias al cambio colonizan los colegios hasta provocar la muerte de inocentes. Contra la ley antidiscriminación que garantiza los derechos de todas las razas, nacionalidades y orientaciones sexuales, muchos planteles dieron en la flor de catalogar el homosexualismo como causal de expulsión. Sus manuales de convivencia reproducen la dialéctica de la Inquisición: por milagro divino, la falta de disciplina deviene en pecado, y éste se transforma en delito.
COLOMBIA EDUCADA: ¿UNA ILUSIÓN?
Es primera vez en nuestra historia reciente que un presidente anuncia presupuesto de Educación mayor que el de guerra. Además, en divisa transformadora, le señala a la nación metas de largo aliento: paz sólo habrá con equidad, mas sin educación será imposible la equidad; luego, educar se impone. Enhorabuena. Pero el ajuste financiero resulta irrisorio para las necesidades del sector. Y viene absurdamente precedido del triunfal “hemos cumplido” de su ministra Campo, cuando Colombia ocupó la cola del mundo en pruebas Pisa durante los años de su gestión; bajó, aún más, el hábito de lectura del país, el Gobierno debió engavetar una reforma de ventajas a la universidad privada, e intentó reducir a la mitad el ya paupérrimo presupuesto de Ciencia y Tecnología -0.2 del PIB, mientras Brasil le destina el 1.6-. Mejoró, sí, la cobertura, pero pésima calidad e inequidad siguieron dominando el panorama de nuestra educación.
Cristina de la Torre